Cuando el ejército o la iglesia toman la calle (suelen ir juntos en las procesiones), lo más recomendable es salir huyendo, sobretodo si son mayoría. Cuando la situación se normalice, lo que tradicionalmente sucede el lunes de Pascua, estaré de vuelta.
Economía, política, pensamiento... crítico. Blog de opinión sobre lo que pasa en España y en el mundo.
"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).
lunes, 29 de marzo de 2010
sábado, 27 de marzo de 2010
La luna y el dedo
Dice el chiste popular que cuando alguien señala al cielo, todos miran a la luna menos el idiota. El idiota mira al dedo. Es la misma conducta del que confunde las políticas (la luna), con el ministerio que las realiza (el dedo): evidentemente políticas sociales, de igualdad, de vivienda... hay que hacer. Lo que es más dudoso es que se necesite un ministerio para cada una de las políticas. Es más, en algunos casos podría ser contraproducente: ¿alguien se imagina un ministerio para la reducción de la burocracia?
¿Por qué entonces este empeño en no reducir algún ministerio y potenciar las políticas correspondientes con el ahorro que eso supone? Porque, como acertadamente leí a Rafael Reig una vez (Carta con respuesta) sobre el “valor pedagógico de los actos del Gobierno”, las políticas de este Gobierno no consisten en hacer sino en exhibir: no hay verdaderas políticas sociales: en su lugar una serie de personas encaramadas al mástil mayor haciendo señales de cómo deberían ser las cosas.
De esta forma las políticas de igualdad sólo consisten en crear un Ministerio de Igualdad, las políticas de Vivienda se agotan al crear un Ministerio de Vivienda, los problemas de la ciencia en este país se solucionan todos al crear el correspondiente Ministerio de Ciencia... No es algo nuevo, es algo intrínseco de la forma de hacer política de nuestro Presidente, siempre atento al dedo y no a la luna. ¡Y así nos va!
viernes, 26 de marzo de 2010
De fábulas y bipartidismo
Un hermoso día de primavera,
La liebre da dos pasos,
Viendo que no acababan,
Con lo cuál se demuestra,
la tortuga y la liebre,
una carrera echaron.
Pero no eran la tortuga y la liebre
de la fábula,
Se trataba, más bien,
de una liebre coja
y de una tortuga asmática.
La liebre da dos pasos,
y, al suelo.
La tortuga da otros dos,
y se desmaya.
Así, poco a poco,
fueron cubriendo la distancia.
Tardaron más de diez días,
en llegar hasta la meta,
pues, cuando una no se caía,
la otra quedaba muerta.
Viendo que no acababan,
echaron mano a sus aficiones,
que en volandas las llevaron,
hasta el día de las elecciones.
Quién ganó no se supo,
pues eran tan iguales
las fuerzas de sus incondicionales,
que llegaron empatadas,
y las dos reclamaron los honores.
Con lo cuál se demuestra,
que si de una carrera electoral se trata,
no hay que hacer buena o mala carrera,
si no sólo meter menos la pata,
y, eso sí, tener una buena hinchada,
que, hagas lo que hagas,
siempre te lleve contenta a sus espaldas.
jueves, 25 de marzo de 2010
La bola de cristal
La subida que se avecina de dos puntos del tipo general (del 16% al 18%) y de uno del tipo reducido (del 7% al 8%) para la Ministra no va a suponer un alza de los precios de un dos por ciento; ¡qué va! Será de un puntito o así: un puntito se lo “chupa” el consumidor, otro puntito se lo “come” el vendedor y así “santas pascuas”: siempre de buen rollito. ¡Mira!, incluso nos viene bien: se ponen de acuerdo, tú cedes un poco, yo cedo otro poco y así favorecemos la solidaridad, la concordia, el juntos podemos, el “estoloarreglamosentretodos”...
Todo esto lo sabe, por supuesto, mirando la bola de cristal.
El fenómeno por el que un impuesto (o un coste en general) en un mercado acaba pagándolo el vendedor (oferente) o el comprador (demandante), independientemente de quién resulte legalmente obligado a ello, se conoce en el gremio como “traslación impositiva”. Tú, Hacienda Pública, di lo que quieras sobre quién quieres que lo pague, pero ya veremos sobre las espaldas (o bolsillos) de quién realmente recae.
No hace falta ser economista para saber que quién pagará el pato no es una cuestión de patriotismo, ni de buenas vibraciones: es una cuestión de quién tiene más o menos “fuerza” en el mercado, si los vendedores productores, oferentes... o los compradores, consumidores, demandantes. Y esto depende del producto de que se trate y de la “elasticidad” de las curvas de oferta y demanda, para cada mercado en cuestión.
Como esto último así dicho suena a chino, pondré un ejemplo: imaginemos que creamos un nuevo impuesto (o subimos el existente) sobre un producto donde los demandantes tienen muy pocas posibilidades de dejar de comprarlo: por ejemplo, sobre los ataúdes: porque haya un nuevo impuesto sobre ataúdes nadie va a dejar de morirse, ni es fácil que pidan menos de un ataúd por muerto (un Papa incluso necesita tres), ni siquiera creo que existan ataúdes “tres cuartos” para la ocasión. En estas circunstancias los vendedores de ataúdes no tendrán reparo en aplicar una subida del precio de este peculiar mobiliario prácticamente de la totalidad del nuevo impuesto, y el muerto (o sus familiares) tendrán que aguantarse. Esto se debe a que la curva de demanda de este producto es “inelástica”, es decir, que le eches lo que le eches, el consumidor tendrá que pechar con ello.
Lo contrario sucede en el mercado de perfumes: si ponemos un impuesto sobre este producto y el vendedor trata de repercutirlo al comprador, se encontrará con que éstos se pasarán a la más limpia y barata costumbre de emplear agua y jabón para su higiene y, en caso de comprar, el frasquito les durará más (de día del Padre hasta Navidad fácilmente), lo economizarán mejor. En estas circunstancias, es poco probable que el vendedor pueda subir el precio del producto en la misma cuantía que el impuesto, por lo que tendrá que ser el que acabe pagando el pato, salvo que quiera reducir su clientela hasta quedarse sólo con el gremio de los políticos “chotunos”. Esto sucede porque en el mercado de este producto la curva de demanda es muy elástica: el comprador, en cuanto le subes el precio “se las pira” y se compra otra cosa, o se pasa sin ella(*).
Sabiendo esto hay que tener una bola de cristal muy, pero que muy pulida, para poder determinar cómo se va a realizar la traslación impositiva de la subida de este impuesto en julio. Pero hay alguna pista sobre ello, que demuestra que la bola de la ministra tiene algunas dioptrías: la mayor parte del ingreso por IVA procede de tres consumos: la electricidad, el teléfono y los carburantes. Curiosamente los tres (todos al 18% en julio) tienen tarifas, más o menos fijas, y, por lo que respecta a este artículo, curvas de demanda bastante inelásticas: la gente podrá apagar algo más las luces, pero no creo que desenchufe la nevera por la noche o deje de cocinar o poner la lavadora. Tampoco creo que hable menos por teléfono porque, de hecho, el móvil crea adición. Y respecto de los carburantes, no creo que dejen de ir a trabajar a la nave en coche, a hacer la compra al “carrefú”, a usar el coche hasta para ir a mear...: en algunos casos porque no hay alternativa, y en otros, porque llevamos años adoctrinándoles para que vean en el “buga” la prolongación de su falo y, claro, ahora no se lo vamos a cortar.
Por todo esto, recomiendo, Señora Ministra, que se ponga las gafas de ver de lejos (ésas tan raras en política) y que vuelva a mirar la bola de cristal: ¡a ver qué sale esta vez!
* La traslación depende también de la elasticidad de la curva de oferta pero por no marear al lector, no voy a explicar cómo.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Completo por vacaciones
Con las vacaciones de Semana Santa a la vuelta de la esquina, les tengo que comunicar una mala noticia: este año, todos los sitios, absolutamente todos los sitios, estarán más llenos que nunca. Por culpa de o a causa de la crisis, naturalmente.
La idea de que viajar abre la mente, estimula la inteligencia, aumenta la cultura, etcétera... no es más que un “eslogan” de la industria del turismo. En realidad viajar no sirve para nada esto: no hay más que ver en la tele algún programa tipo “callejeros viajeros” o “españolitos po'l mundo de dios adiante” para darse cuenta de ello. Los especímenes que circulan por esos programas habrán viajado mucho y habrán vivido mucho en otros países, pero de inteligencia nada de nada. Para abrir la mente lo que hay que hacer es ir hacia la estantería, coger un libro, y... leerlo.
Viajar es, antes y ahora, una cuestión de “estatus” (antaño de “alto estatus” y hoy de “estatus de medio pelo”). Se viaja, básicamente, para dar envidia a nuestros vecinos y para atormentarlos, al regreso, con millones de fotos digitales y vídeos, que prueben que, efectivamente, estuvimos allí y nos gastamos una pasta.
Siendo, por tanto, el viajar un “bien de consumo ostentoso”, en época de crisis podemos reducir su consumo, pero no hasta el extremo de prescindir del mismo, so pena de ver cómo se deteriora nuestro estatus social: no podemos decir a los amigos o a los colegas que este año no nos vamos a ningún sitio, claro que no: salir se sale, aunque sea a Sanserenín de la Sierra, a casa del abuelo, a “pegar la gorra”. Cualquier cosa antes que demostrar a nuestros conocidos que ya no podemos con la risa y que, como unos “pringaos”, tenemos que quedarnos en casita.
Evidentemente consumir se consume menos, viajar se viaja menos, pero lo poco que se hace, se hace precisamente en estas fechas “tan señaladas”: en Semana Santa, en Agosto, en Navidad, en algún puente en el que todos los del “curro” van a algún sitio... Por eso, en esas fechas, hay más gente que nunca: porque nadie quiere parecer un pobre, de los que no viajan a ningún sitio, casi, casi, como un inmigrante...
Esto está estudiado y, desgraciadamente, no pasa sólo en España: en las crisis la gente concentra sus viajes en determinadas fechas, los “festivos tradicionales”; es propio del estúpido urbanita occidental.
Pero la mayoría de la gente, incluso en estos países desarrollados, no tiene este problema: no viajaban ni siquiera en las épocas de vacas gordas. Por supuesto, a esa mayoría silenciosa no se la oye llamar a gritos al camarero, mientras se dejan los últimos euros de su cartera en pagar el doble en unos días en el que todo se disfruta la mitad. Tampoco salen en los telediarios contando las horas de atasco que llevan, ni lo bien que se lo han pasado aguantando un par de horas, a pie quieto, que pasara una procesión, para acabar siempre con un “pero ha merecido la pena”. Y todo esto, sólo por el “qué dirán”. Luego dirán que no nos tenemos merecido lo que nos pasa.
martes, 23 de marzo de 2010
El arte de la guerra
En el moderno arte de la guerra, se debe a Clausewitz y más recientemente a L. Hart la formalización de una estrategia militar conocida desde la antigüedad: la aproximación indirecta.
Mediante esta estrategia, en lugar de combatir directamente al enemigo, se busca un debilitamiento progresivo que incapacite al rival a seguir batallando. “En la estrategia indirecta, la fuerza pasa a un plano secundario y en su lugar se da prelación a un hábil planeamiento que mediante acciones psicológicas y bajo un decidido y eficiente liderazgo afecte gravemente la moral del contendor ” (*).
Una aplicación práctica de esta estrategia de aproximación indirecta es lo que está sucediendo con las propuestas de limitar el gasto de las Comunidades Autónomas: en primer lugar se crea la idea de que las Comunidades son un lujo superfluo, que derrochan el dinero y que no sirven más que para enchufar a amiguetes y compinches de partido. A continuación se exige que se sometan a una rígida disciplina presupuestaria, que reduzcan sus gastos, que eviten endeudarse, que reduzcan su tamaño.
Pero nos olvidamos (los que han puesto en marcha esta estrategia está claro que no) que los gastos relevantes de las Comunidades Autónoma, los que están haciendo desequilibrar sus presupuestos, son los gastos en Sanidad, Educación, y, recientemente en Dependencia. De este modo, apretando de esta forma tan “indirecta”, se consigue, finalmente, reducir el gasto social, el gasto social de las Comunidades Autónomas, que son las principales administraciones que gestionan este gasto.
Como se ve, no ha sido necesario atacar directamente al Estado de Bienestar ni recortar sus conquistas en una gran batalla: es más eficaz seguir esta estrategia: así todos de acuerdo (izquierdas y derechas), y a seguir recortando Estado Social, como si tal cosa.
Nuestro Presidente estuvo pensando en contratar a Sun Tzu como asesor en la Moncloa, antes de que fichara para los de la calle Génova. Afortunadamente, alguien muy cercano le dijo que no podía hacerlo, porque Sun Tzu había fallecido, según creía, hace poco.
* Puyana G. , Teorías de la guerra en Moltke y Liddell Hart, Revista de Estudios Sociales, no. 15, junio de 2003, 109-121.
lunes, 22 de marzo de 2010
¡Qué se mueran los viejos!
El mismo día que desde los púlpitos de las iglesias se predicaba el pasaje del evangelio según San Juan en el que se dice que “el que esté libre de pecado, tire la primera piedra”, desde el púlpito de la derecha económica, el “Diario del neoliberalismo en español” se podía leer lo siguiente: “El envejecimiento de la población repercute sobre el gasto farmacéutico: los pensionistas, que no pagan nada, generan hasta el 70% del gasto en medicamentos” (Editorial El País ). Mientras los unos se preocupan de los niños, los otros se preocupan por los viejos.
El Pacto Sanitario resulta ser, al final, un pacto de recorte de medicamentos: pero lo cierto es que el gasto médico por habitante en España es de los más bajos de la Unión, mientras que el gasto en medicamentos es, efectivamente, de los más altos. ¿Por qué pasa esto? El que lo explica divinamente, es Vicenç Navarro (www.vnavarro.org) Yo lo único que puedo hacer es poner un ejemplo.
Pongamos dos países hipotéticos: a uno de ellos, pura coincidencia, lo llamaremos España; al otro, también por casualidad, lo llamaremos Suecia.
Modelo 1.- A la consulta médica de España llega un cariacontecido paciente con unos análisis de sangre bajo el brazo: tiene el colesterol alto. El médico mira los análisis, le receta unas pastillas contra el colesterol y listo. Tiempo de consulta: cinco minutos.
Modelo 2.- A la consulta médica de Suecia llega un paciente con el mismo problema. El médico se interesa por el tipo de vida que lleva, le propone una dieta alternativa, mayor ejercicio, en fin, una vida más sana. Fija una nueva cita para ver como evoluciona el colesterol de este individuo. Hace un seguimiento continuado del paciente. Finalmente, si es el caso, le receta un medicamento.
Ambos modelos están exagerados, pero en ellos se ve claramente dónde está el problema: en el primer caso el coste sanitario en medicamentos es alto pero el coste “en médicos” es bajo. En el segundo modelo el coste en medicamentos es bajo pero el coste en personal médico es más elevado. Y usted como paciente, ¿cuál prefiere?.
Reducir el problema de la Sanidad española “a que los viejos gastan mucho en medicamentos” es de una simpleza propia de los medios que proponen estas teorías, que, además, no son inocentes: si los viejos gastan tanto en medicinas, “sin pagar nada” o bien habrá que empezar a cobrar por ello, o bien, directamente, habrá que eliminarlos del mapa.
Por supuesto debates serios ni los hay ni se los espera. Todo se reducirá a meter la tijera en el gasto en medicamentos y a seguir tirando: ahora cuando un anciano, de estos que El País ha llamado “parásitos sociales” vaya al ambulatorio a pedir recetas, el médico tendrá que decirle: “tómese la pastilla un día sí y otro no”, a ver si, con un poco de suerte, el día que no le toque la pastilla para la tensión, le da el pampurrio.
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