"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

Mostrando entradas con la etiqueta destrucción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta destrucción. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de febrero de 2011

Dead Man walking



        Durante buena parte del siglo pasado la gente solía fallecer "de muerte natural": ésta era una categoría que no se tenía en cuenta para la estadística de las patologías o accidentes, de forma que daba la sensación que los verdaderos problemas de mortandad se centraban en los atropellados por carruajes, intoxicados por el brasero, o aplastados por el derrumbe de algún edificio tras una explosión de gas. Hoy, por supuesto, nadie muere "de muerte natural", sea joven o anciano: uno "palma" por una insuficiencia renal o respiratoria, por un paro cardiaco, por un derrame cerebral, etcétera, etcétera, etcétera. 



         El sistema económico que más muertos ha causado a lo largo de su existencia es, de lejos, el sistema capitalista, pero, al igual que con la "muerte natural" sus víctimas no se computan, o, si se hace se atribuyen a "causas naturales", pues es natural que el sistema capitalista destruya la tierra y todo lo que en ella habita: hasta se justifica en aras del progreso y del bienestar de ¿la mayoría? de las personas. Son, además, víctimas dispersas por las partes más pobres del planeta, dejadas morir de hambre, por guerras o por catástrofes evitables: un método más barato y discreto que el fusilamiento. 



           Para el resto de las "patologías" sí se lleva por cuenta el número de muertos, tanto si esos otros sistemas eran realmente distintos del capitalismo, o si, simplemente, se trataba de aberraciones de dictadorzuelos alumbrados(*). También en esto hay una mayoría silenciosa: una mayoría de muertos silenciosa, que saben quién los ha matado, pero que no pueden denunciarlo, entre otras cosas, porque están muertos. Y los verdugos los tenemos ahí, muertos por dentro y a la vez vivientes por fuera: dirigiendo nuestros Gobiernos y Empresas. Y ¡Ay! a lo mejor nosotros, los opulentos ciudadanos de Occidente, nos hemos convertido en "zombies" como ellos.






(*) Hobsbawm, en su excelente "Historia del siglo XX" nos recuerda que el Gobierno Norteamericano tardó más de una década en "decidir" si el Régimen Cubano era o no era "comunista". No debía estar muy claro, o quizá les faltaba algún mecanismo jurídico, como la Ley de Partidos, para decidirlo instantaneamente.