"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

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martes, 21 de diciembre de 2010

¡A la cola!


   
          Todo aquél que haya tenido que recurrir a la Justicia en este país, sabe que, a su lado, la agilidad de un caracol es felina: un problema con el vecino, un cliente que no paga, un accidente de tráfico... demanda, traslado a las partes, oposición a la demanda, alegaciones, proposición y práctica de prueba, aplazamientos, vista oral, sentencia, recursos, ejecución... Con razón, en el foro, se ha acuñado la sentencia: “justicia demorada, justicia denegada”.



          Pues bien, mientras los ciudadanos “de a pie” esperamos largas colas a la puerta de la discoteca judicial, “los vips”, entran por la puerta de al lado, sin colas, sin esperas, sin moscones ni gentes molestas...¡Como Dios manda, en una democracia como la nuestra!



          ¿A quién debemos tanto honor?¿Quién es esa gente bien tan respetable? La niña de papá, que, a golpe de talonario familiar, primero quiso ser (mala) Directora de Cine y luego (peor) Ministra, ejerce de gorila-portera a la puerta del juzgado: ¿Usted quién es?, ¿a qué viene?:



          ¿A denunciar unos malos tratos?¿Han atracado a su hijo a la salida del colegio? Espere en la cola por favor, a que le llegue el turno, en el juzgado de instrucción número ochenta y tres de los de Fuenlabrada. ¡Ah! ¿qué viene de la Sony, de Buenavista, de la Fox, de parte de Cerezo o de Ramoncín(*)? Pase, por favor, por aquí (dice con una sonrisa, agachando la cerviz), le tenemos reservado la sala VIP (la Audiencia Nacional), de momento tómese una suspensión y en cuatro días lo tiene resuelto, ¡No hay de qué!¡Faltaría más!


         Evidentemente, en la sociedad adquisitiva en la que vivimos todo el mundo tiene derecho al producto del trabajo (del suyo o del ajeno, eso da igual), a la defensa de la propiedad “privada” de lo que ha arramblado, sean obras de arte, medicamentos o llaveros, pero, for favor, no se cuele: ¡Ministra! Ese, ese, el del “barbur”, ¡le he visto! ¡que se cuela, Ministra, que se cuela!...








(*)Me encanta cuando se expresan con sinceridad: la “industria” cultural, “contenidos”, “productos culturales”. Ellos mismos se delatan: yo ya sospechaba que lo que producen no es arte (el verdadero artista raramente se preocupa del garbanzo) sino otra cosa: baratijas, vendible, excrecencias del capitalismo, como las vuvucelas, o las “pogüerbalans”.

miércoles, 21 de abril de 2010

La flauta de Bartolo II

          Hace unos días os propuse el siguiente dilema extraido del último libro de Amartya Sen, "La idea de la justicia":

          "Tenemos tres niños y una flauta. Cada niño quiere quedarse con la flauta. El primer niño alega como motivo para obtenerla el hecho de que es el único de los tres que sabe tocar la flauta. El segundo niño nos indica que él es el más pobre de los tres, que no tiene ningún juguete (los otros dos sí tienen) y que la flauta sería para él el único objeto de diversión con el que puede contar. El último niño nos dice que fue él el que estuvo fabricando la flauta, durante meses, y que ahora, esos otros usurpadores se la quieren quitar". ¿A quién damos la flauta?

           LLegó el día de desvelar el misterio de la flauta: "The winner is...". Pues ¡depende del jurado!.
            
           Si el que decide es un "utilitarista", según Sen, irá para el niño (en el libro es niña) que sabe tocarla, porque es quién puede maximizar su bienestar con la flauta. Pero, a continuación, plantea que habrá utilitaristas que consideren que el bienestar de esa pequeña sociedad se aumenta dando la flauta al más pobre, porque el bienestar que le produce tener un único juguete es mayor. 

            Un "igualitarista radical" daría la flauta, sin duda, al que menos tiene, independientemente de que haya tenido oportunidades para conseguir juguetes por otros medios. Finalmente un "libertario" (que es como en Estados Unidos se denomina a una facción del ala más derechista del Partido Republicano) considerará la flauta como propiedad privada ("sacrosanta") del niño que la fabricó. Esta misma postura, indica el autor, sería sostenida por un "marxista", atribuyendo al trabajador el fruto de su trabajo. Pero reconoce Sen que un marxista también podría sostener la postura del propio Marx, que desconfiaba de la atribución de propiedad (privada al fin y al cabo) al productor: un Marx maduro concibió un principio que, en mi opinión, es esencial y que Sen recuerda en su libro: "de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad". En función de ese principio no le cobro a mi hijo el alquiler de su cuarto, ni le hago pagar con su trabajo el coste de los libros de texto que le he comprado. 

          En conclusión: no hay una única decisión justa, todas son relativamente razonables por lo que el destino de la flauta dependerá de quién tenga que tomar la decisión. Con esto, Amartya Sen pretende demostrar que no existe una única idea "de lo justo" ni existen "instituciones de Justicia Universal" en el sentido que señalaba Kant(*). Es más, incluso aunque tuviéramos un "Tribunal Constitucional" para la cuestión de la flauta, compuesto por personas afines a las corrientes de pensamiento expuestas, ese tribunal no llegaría a un consenso. Con lo cuál plantea otra idea interesante: para tomar una decisión no es preciso convencer a todos, de hecho van a seguir existiendo, diferentes opiniones y tensiones no resueltas. Así lo recoge el autor en su libro. 

           Por el contrario es posible identificar, por todos, las injusticias: en el caso de la flauta, romperla o quedarmela yo, serían, sin duda soluciones injustas. Igualmente, Sen señala que en la Historia de la Humanidad, ha habido decisiones consideradas injustas "absolutamente": la esclavitud, el genocidio del pueblo judío... Más recientemente, Amartya Sen incluye entre las decisiones injustas la guerra de Irak. 

               ¿Y en España, qué? En España no tenemos estos problemas: la flauta será... de quién diga el lider de mi partido. ¡Faltaría más!



(*) Amartya Sen, recuerdo, Premio Nobel de Economía, distingue, en la Ilustración, dos corrientes distintas: la de los que creen en instituciones de justicia universal y los que ven en la justicia un proceso inacabable de continua mejora. En el primer grupo incluye a Hobbes, Rousseau, Kant y más recientemente a Rawls. En el segundo grupo, al que él se adscribe, incluye a Adam Smith, a Condorcet y a Marx. ¿Por qué los clasifica así?: para eso hace falta leerse el libro. Y sí, Javier y Sara, esto es lo que habría que enseñar en una Facultad de Derecho (aunque fuera de una Universidad Pública)

martes, 13 de abril de 2010

La flauta de Bartolo I

         En su último, interesante (y también pesado) libro(*), el Premio Nobel de Economía Amartya Sen pone el siguiente ejemplo: Tenemos tres niños y una flauta. Cada niño quiere quedarse con la flauta. El primer niño alega como motivo para obtenerla el hecho de que es el único de los tres que sabe tocar la flauta. El segundo niño nos indica que él es el más pobre de los tres, que no tiene ningún juguete (los otros dos sí tienen) y que la flauta sería para él el único objeto de diversión con el que puede contar. El último niño nos dice que fue él el que estuvo fabricando la flauta, durante meses, y que ahora, esos otros usurpadores se la quieren quitar.

         En tal situación... ¿a quién le daría la flauta?
Dependiendo de su contestación, quedará adscrito a alguna corriente de pensamiento económico: igualitarista ecońomico, utilitarista, utilitarista hedonista, libertario pragmático, libertario de derechas, o marxista. Piénselo durante unos días, discutiremos la respuesta y extraeremos la moraleja que Sen nos quería enseñar y la que se puede aplicar en estos lares. Y piense también que la política y la economía hacen extraños compañeros de cama...


(*) La idea de la justicia. Taurus. Madrid 2.010