"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

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lunes, 5 de diciembre de 2011

Highway

                  Con nada que hacer la "peña" esta semana,  ausente el que nos va a intentar gobernar los siguientes cuatro años, desconocidos sus secuaces y silenciadas (aunque conocidas) sus políticas los medios de intoxicación tienen que recurrir al viejo tópico de todos los años: ¿la navidad?, ¿el derbi “madridbarsa”? ¡No, hombre, no!:  la utilidad de los “puentes”.
                   Y aquí, como en el “fumbo” dos bandos irreconciliables: por un lado los que opinan que son nocivos, perjudiciales para la economía del país; en el otro los que defienden su utilidad como incentivador del consumo. Unos y otros cuentan la feria según les va y al final, "reunión de pastores, oveja muerta", es decir, trabajador (aún más) jodido.
               Es sorprendente, pues todos coinciden en que una de las causas por las que la crisis económica es más aguda en el solar patrio que en otros países, es el desplome del consumo interno. Y es sorprendente también la ignorancia de las condiciones determinantes del consumo:
-          En primer lugar está, como no, la cartera: si hay “guita” se consume, si no hay se muere uno de hambre (o de frío, o de alguna enfermedad) ante la indeferencia de los economistas liberales. A partir de ahí  coinciden teorías económicas “clásicas” y keynesianas: consume más el que más pasta tiene, pero proporcionalmente más el que menos tiene. Conviene no confundir la cuantía del consumo (consume más el que más tiene) con la propensión marginal al consumo (el pobre consume más parte de su renta  (toda si no le alcanza para vivir, casi toda si apenas le alcanza…)  que disminuye a medida que aumenta la renta. Es una interesante reflexión para deducir que si lo que quieres animar el consumo, el euro se lo tienes que dar al pobre de la esquina, para que lo gaste, aunque sea “en vino”, antes que al Tío Gilito, para que lo almacene en su depósito.
-          En segundo lugar está la percepción psicológica: si a fin de mes uno piensa que la nómina que cobra va a ser la última que cobre (o la penúltima) tratará de conservarla como oro en paño. Lo mismo hace el funcionario con la paga extra si piensa que le van a recortar el sueldo. Esta mentalidad de hormiga en lugar de cigarra, tan ponderada entre los economistas clásicos y los empresarios que esperan vender sus productos a los marcianos, es devastadora para los mismos que la preconizan… ¡Pero es que la gilipollez empresarial no tiene cura!
-          En tercer lugar, y es lo que viene al caso, se necesita tiempo para consumir. Si no se tiene no se puede consumir, porque los días se pasan en currar, comer y dormir. Si uno acaba su jornada laboral “baldao”, como mucho verá la televisión. Si se le da libranza tres horas cada quince días (como pretende la patronal) podrá irse a tomar un vino, pero difícilmente se hará el “tour de los pueblos blancos”, suponiendo que los tres maravedíes que le dé el patrón, alcancen para ello. De ahí la importancia de los días feriados, las horas libres, las vacaciones: permiten al obrero tener tiempo libre y poder consumir, al menos una parte, de la mierda que produce y que es la que permite que la rueda del hámster, conocida como capitalismo, rule.
                   Pero , al final, como os decía, ninguna opinión es libre ni inocente. Hay negocios para los que los puentes son una jodienda, para otros es indiferente, y, por último, para otros los puentes son una bendición. Entre los primeros tenemos actividades como la telefonía  (la gente se levanta más tarde, llama menos porque se vé más), los medios de comunicación (en vacaciones y fiestas, se consume menos tele, se leen menos periódicos) o la construcción (se enfría el encofrado). Entre los indiferentes intuyo que ha de encontrarse la banca y los sectores financieros: estos no descansan, siempre, en alguna parte del mundo hay un mercado abierto y todas las transacciones son electrónicas, para ellos la gente es un “accidente prescindible”. Finalmente  entre los que se frotan las manos están los centros comerciales (encima este puente es siempre “prenavideño”), también el pequeño comercio, la hostelería, la restauración y (¡ay!) las gasolineras…
                         Que el simple de Francino se incline por su supresión es normal, en el fondo trabaja para el primer grupo. Que la CEOE también quiera que se elimine un puente como éste tiene más difícil explicación, sobretodo si se tiene en cuenta que la mayoría de los empresarios de este país son pequeñas empresas que se dedican a la hostelería o  al comercio. Acredita, una vez más, que esta organización no vela por los intereses de los pequeños empresarios, sino por el de las grandes empresas: es un dicho común (que yo comparto, venga ¡hala, a criticar!) que “no hay nada más tonto que un obrero de derechas” a lo que habría que añadir que “no hay nada más gili que un pequeño empresario afiliado a la CEOE”)

PD. Aprovecho este puente para tragarme la serie entera de novelas de Markaris sobre el detective Jaritos (son siete novelas, la última, “con el agua al cuello”, si no la piratean en breve, me la tendré que comprar): me encanta este autor: su estructura narrativa funciona como mi cabeza, sus novelas son una ácida crítica social, su lenguaje sirve para “afilar” el mío: luego dicen que lo que  hablo/escribo es soez...

martes, 2 de marzo de 2010

Consumir menos, repartir mejor.

         La receta de los mandos de la economía global para salir de la crisis es clara: consumir, consumir, consumir... Al contado o a plazo (de ahí el interés en restablecer el crédito, ¡cómo si no hubiera que devolver los préstamos!), consumo público o privado... ¡más consumo!, ¡es la guerra!.

         Aplicando estas recetas no se si llegará la solución a la crisis económica, pero la destrucción del Género Humano está garantizada (la del planeta Tierra no, éste seguirá hasta que se lo trague el Sol).  A lo mejor no hay que ir a Minessota para entender que la solución está en los libros de cocina de la abuela: consumir menos, repartir mejor. 

         En las recetas de esos libros siempre aparece: para cuatro personas, para ocho, para seis... y a continuación se acompaña de un cálculo de ingredientes en razón del número de comensales, en iguales proporciones: no se dice "700 gramos de ternera para cada uno de los del primer mundo, 300 para los del segundo, 50 para los del tercero..., sino una taza de arroz por persona..." Pues eso, repartir mejor. 

         También se dice "si el precio del producto A es muy elevado o no puedes conseguirlo, se puede sustituir por B y el plato quedará igual de rico". Así se puede sustituir el besugo por merluza, la escalonia por apio, la chalota por cebolla, el caviar por hueva de oricios... Está claro, consumir menos (y si lo dejamos en manos de la cocina de diseño, todavía mejor). 

          ¿Pero se puede consumir menos y repartir mejor? Depende del sistema económico: al parecer los que están basados en el mecanismo de la bicicleta (o pedaleas o te caes, véase acelerador y multiplicador) no. Bueno, pues cambiemos la bicicleta ¿por...? (Se admiten propuestas sobre nuevos (o viejos) medios de transporte.