Con nada que hacer la "peña" esta semana, ausente el que nos va a intentar gobernar los
siguientes cuatro años, desconocidos sus secuaces y silenciadas (aunque
conocidas) sus políticas los medios de intoxicación tienen que recurrir al
viejo tópico de todos los años: ¿la navidad?, ¿el derbi “madridbarsa”? ¡No,
hombre, no!: la utilidad de los “puentes”.
Y aquí, como en el “fumbo” dos bandos irreconciliables: por
un lado los que opinan que son nocivos, perjudiciales para la economía del
país; en el otro los que defienden su utilidad como incentivador del consumo.
Unos y otros cuentan la feria según les va y al final, "reunión de pastores,
oveja muerta", es decir, trabajador (aún más) jodido.
Es sorprendente, pues todos coinciden en que una de las
causas por las que la crisis económica es más aguda en el solar patrio que en
otros países, es el desplome del consumo interno. Y es sorprendente también la
ignorancia de las condiciones determinantes del consumo:
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En primer lugar está, como no, la cartera: si
hay “guita” se consume, si no hay se muere uno de hambre (o de frío, o de
alguna enfermedad) ante la indeferencia de los economistas liberales. A partir de ahí coinciden teorías económicas “clásicas” y
keynesianas: consume más el que más pasta tiene, pero proporcionalmente más el
que menos tiene. Conviene no confundir la cuantía del consumo (consume más el
que más tiene) con la propensión marginal al consumo (el pobre consume más parte
de su renta (toda si no le alcanza para
vivir, casi toda si apenas le alcanza…)
que disminuye a medida que aumenta la renta. Es una interesante
reflexión para deducir que si lo que quieres animar el consumo, el euro se lo
tienes que dar al pobre de la esquina, para que lo gaste, aunque sea “en vino”,
antes que al Tío Gilito, para que lo almacene en su depósito.
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En segundo lugar está la percepción psicológica:
si a fin de mes uno piensa que la nómina que cobra va a ser la última que cobre
(o la penúltima) tratará de conservarla como oro en paño. Lo mismo hace el
funcionario con la paga extra si piensa que le van a recortar el sueldo. Esta
mentalidad de hormiga en lugar de cigarra, tan ponderada entre los economistas
clásicos y los empresarios que esperan vender sus productos a los marcianos, es
devastadora para los mismos que la preconizan… ¡Pero es que la gilipollez
empresarial no tiene cura!
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En tercer lugar, y es lo que viene al caso, se
necesita tiempo para consumir. Si no se tiene no se puede consumir, porque los
días se pasan en currar, comer y dormir. Si uno acaba su jornada laboral “baldao”,
como mucho verá la televisión. Si se le da libranza tres horas cada quince días
(como pretende la patronal) podrá irse a tomar un vino, pero difícilmente se hará
el “tour de los pueblos blancos”, suponiendo que los tres maravedíes que le dé
el patrón, alcancen para ello. De ahí la importancia de los días feriados, las
horas libres, las vacaciones: permiten al obrero tener tiempo libre y poder
consumir, al menos una parte, de la mierda que produce y que es la que permite
que la rueda del hámster, conocida como capitalismo, rule.
Pero , al final, como os decía, ninguna opinión es libre ni
inocente. Hay negocios para los que los puentes son una jodienda, para otros es
indiferente, y, por último, para otros los puentes son una bendición. Entre los
primeros tenemos actividades como la telefonía
(la gente se levanta más tarde, llama menos porque se vé más), los
medios de comunicación (en vacaciones y fiestas, se consume menos tele, se leen
menos periódicos) o la construcción (se enfría el encofrado). Entre los
indiferentes intuyo que ha de encontrarse la banca y los sectores financieros:
estos no descansan, siempre, en alguna parte del mundo hay un mercado abierto y
todas las transacciones son electrónicas, para ellos la gente es un “accidente
prescindible”. Finalmente entre los que
se frotan las manos están los centros comerciales (encima este puente es
siempre “prenavideño”), también el pequeño comercio, la hostelería, la
restauración y (¡ay!) las gasolineras…
Que el simple de Francino se incline por su supresión es
normal, en el fondo trabaja para el primer grupo. Que la CEOE también quiera
que se elimine un puente como éste tiene más difícil explicación, sobretodo si
se tiene en cuenta que la mayoría de los empresarios de este país son pequeñas
empresas que se dedican a la hostelería o al comercio. Acredita, una vez más, que esta
organización no vela por los intereses de los pequeños empresarios, sino por el
de las grandes empresas: es un dicho común (que yo comparto, venga ¡hala, a criticar!) que “no hay nada
más tonto que un obrero de derechas” a lo que habría que añadir que “no hay
nada más gili que un pequeño empresario afiliado a la CEOE”)
PD. Aprovecho este puente para tragarme la serie entera de
novelas de Markaris sobre el detective Jaritos (son siete novelas, la última, “con
el agua al cuello”, si no la piratean en breve, me la tendré que comprar): me
encanta este autor: su estructura narrativa funciona como mi cabeza, sus
novelas son una ácida crítica social, su lenguaje sirve para “afilar” el mío:
luego dicen que lo que hablo/escribo es
soez...