Un hombre una casa… Hacer de cada españolito un propietario. Esa era la versión del Caudillo para hacer de esta gran nación un pueblo próspero, justo y sobretodo en paz. Esta era la política del régimen en materia de vivienda: la propiedad.
Con el paso del tiempo, sus herederos (UCD, PSOE, PP, de nuevo el PSOE, otra vez el PP) han seguido con la consigna, entendiendo que, cuando se habla de acceso a la vivienda se habla de acceso a la propiedad de “tu” vivienda: lo otro son conceptos de pueblos salvajes como Alemania o los países escandinavos: lo que tienes que hacer, chaval, es, antes de casarte, encontrar un “curro” y comprarte una vivienda, aunque sea en la villa de “donde cristo perdió el mechero”, hoy más conocida como Seseña, contratar una hipoteca a cincuenta años y, a partir de ahí, a vivir acojonado toda tu vida (a perder el empleo, a romperte un brazo, a que te dé un infarto, a que la parienta se separe y se quede con la casa…) y a votar siempre al partido conservador (partido único) de turno.
En apoyo certero de esta política de ingeniería social ovejuna, el “monosabio fiscal” prepara la faena con la consabida deducción fiscal por adquisición de vivienda habitual en el Impuesto Sobre la Renta de las Personas Físicas: una medida “popular”, para todas las familias (después de todo, todas tienen una vivienda en propiedad), barata (no hay que soltar “pasta” en subvenciones) y que además incentiva el sector inmobiliario dado que, al parecer esto (y el turismo) es lo único que sabemos hacer, gracias a la inestimable ayuda de los políticos que gestionan el sistema educativo y de los capitalistas que prefieren colocar sus inversiones en otros lugares y dar al españolito trabajador una bandeja o una llana. Vamos que esta deducción es “no sé, algo así como muy cool, ¿me entiendessssss?” que diría Ana Mato.
Lo cierto, queridísimos “hippies” que leéis esto, es todo lo contrario. Accediendo a las publicaciones estadísticas de la Agencia Tributaria, se observa que la deducción media en IRPF por adquisición de vivienda entre el colectivo de mil euristas (entre 6 y 12.000 euros de rendimientos), en 2.009 se situaba en unos 600 euros, mientras que la deducción media en el colectivo VIP (más de 600.000 euros de rendimientos) era de prácticamente el doble: más de 1.200 euros. Tampoco hacía falta acudir a los datos, bastaba con leerse la Ley: una deducción cuya base son las cantidades invertidas en la adquisición de vivienda (y asimilados) habitual será mayor en la medida que “metas más dinero” en la vivienda: puesto que los ricos, como Matas, compran palacetes y los pobres compran cajas de cerillas, hay que deducir, querido Sherlock, que invierten y se deducen más.
Lo cierto, también, es que la deducción no es gratis: tanto monta, monta tanto, que yo dé una subvención (saque “pasta” de la cartera) o que renuncie a cobrar algo a lo que tengo derecho, de la misma forma que sea porque pague los gastos familiares o porque no me paguen la nómina el resultado es que tengo la cuenta corriente temblando. ¿Y sabéis, por cierto, cuánto nos cuesta la broma?……………………………..(suspense, tiempo para decir algo, como en “el precio justo”)…..¡Más de cinco mil millones de euros (*)! Esto fue, al menos lo que nos costó la broma en 2.009 entre la parte de deducción estatal y la autonómica.
Lo cierto, por último es que el sector inmobiliario se mueve por parámetros distintos a los fiscales. Es una tentación muy conocida de los fiscalistas pensar que todo gira en torno a nuestro ombligo y que la economía toma sus decisiones por motivos tributarios, lo que no es así: esta deducción, en “different flavors”, ha estado presente en nuestro IRPF desde la reforma tributaria de Fernández Ordoñez (el hermano listo de la familia, el tonto es el del Banco de España, el que decía que no había burbuja inmobiliaria) y desde entonces hemos visto al sector inmobiliario subir y bajar por otros motivos: la especulación, la liberalización del suelo, los bajos tipos de interés… Y básicamente por la concepción ibérica de que los pisos son un activo financiero más y que si uno tiene unos ahorros lo mejor que puede hacer, en términos de rentabilidad, es comprar uno de ellos y especular con él, aunque sea mi propia vivienda habitual (el siguiente paso podría ser jugarnos la pensión en el casino)… Nada que ver con una deducción fiscal.
Y así, llega el PP y rescata esta joya de familia que los otros no se atrevieron al liquidar. Es normal: muchos cuadros de ese partido estaban en las manifestaciones del 15M. Yo los ví: llevaban una pancarta que ponía “Tengo derecho a una vivienda en propiedad, y en la Moraleja, y un BMW, y un yate, y un chalet en Marbella, y un caballo…¡Y lo quiero ya!”
(*) Más de ochocientos cincuenta mil millones de pesetas, casi un billón con “b” de pesetas, que diría Rajoy, que sigue echando la cuenta en “rubias”, aunque en esas magnitudes descomunales nadie tenga conciencia de su medida.