"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

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miércoles, 2 de marzo de 2011

110

          Lo urgente manda, lo demás tendrá que esperar. El análisis serio lo tenéis aquí: oilcrash. El "unconventional"(*), a continuación:

          De todos los chistes, chascarrillos y chanzas que se han hecho sobre el asunto, me quedo con el que el lunes escuche de vuelta de Madrid en el programa “Asuntos Propios” de Radio Nacional (quizá el único programa que merece escucharse en la radio convencional): “de lo que se trata es de igualar el límite de velocidad en autovías con la edad de jubilación”.

         Bromas aparte, me resisto a criticar cualquier medida que dinamite el sistema capitalista de transporte individual; si mañana deciden poner pinchos en la carretera no seré yo el que me oponga; todo vale con tal de frenar la orgía de excesos y destrucción que acarrea ese dios del que ya he escrito en otros posts: el motor de explosión.

            Lo que llama la atención es el medio empleado y sobretodo la improvisación: suelo decir que el que manda tiene dos formas, aparte de la propaganda, de hacerse obedecer: la cartera y la metralleta. Dejando a un lado la segunda (pero no demasiado lejos por si acaso) lo normal es recurrir a sablear la primera: y suele dar resultado: no me cabe duda de que, con la gasolina a tres euros litro, la gente usa menos el coche y va más despacio, aunque, sin duda, se pierdan más votos(**).

          Comentábamos hace unos días en casa la importancia jurídica del turismo y el carnet de conducir, en comparación con otros bienes jurídicos protegidos: Los servicios sociales (órganos administrativos) pueden retirar la tutela de un menor desasistido. En determinados casos, los órganos judiciales civiles pueden retirarte la patria potestad, e incluso se puede iniciar un proceso de acogimiento y posterior adopción que conllevará la pérdida de un hijo definitiva: a efectos jurídicos ese hijo dejará de ser tuyo y pasará a ser de otra persona: irremisible e irrevocablemente.

           Por el contrario no hay poder en la tierra que te pueda separar de tu coche: la privación temporal del carné de conducir puede hacerse por un órgano administrativo (pérdida de puntos) , pero la privación por un periodo de tiempo más largo requiere sentencia judicial del orden penal. Por supuesto no hay nada parecido a una “cadena perpetua” sin carné de conducir. Y de la incautación del vehículo no hablemos: tema tabú.

           En definitiva, los padres que desatienden a su hijo pueden perderlo para siempre. El que, con las condiciones físicas adecuadas, desatiende las normas de circulación jamás perderá coche y carné para siempre.

           Se puede alegar que esto demuestra que para el legislador es más importante la atención de un menor que la de un conductor (que, por cierto, puede llevarse varias vidas por delante). Pero también puede pensarse que el automóvil ha sido el verdadero motor del desarrollo del capitalismo en el siglo XX (Sweezy dixit) y su clientela debe ser protegida a toda costa.

(*) Así se anuncia la mejor revista que se puede encontrar hoy en el mercado norteamericano: The Nation: "Unconventional Wisdom Since 1865"
(**) ¿Y si el problema no fuera el ahorro sino el desabastecimiento? Pese lo que le pese a los defensores del mercado, el mercado de la gasolina no es como el de los yogures: si se acaban en el mercadona podemos ir al alimerka. No todo está ya comprometido y, si algo falla (Libia) te quedas sin ello. Cuando se restablezca el suministro, la gasolina no se refina de inmediato, ni los petroleros se “pintan” para llenar los depósitos.
Los políticos actúan como gestores de un parque de atracciones: aunque se haya caído un tornillo de la noria, el espectáculo debe continuar. Y nosotros nos comportamos como usuarios del parque: si nos dicen la verdad, corremos a las gasolineras y el desabastecimiento es inmediato.





martes, 18 de mayo de 2010

Usar no es agotar

         La definición a mi juicio más acertada sobre los que es la economía la escuché en segundo de carrera: “la ciencia que busca la satisfacción de las necesidades humanas mediante decisiones sobre el uso de recursos escasos, susceptibles de usos alternativos”. Esta definición se la debemos a los marginalistas, en concreto a Robbins y en ella se destacan dos aspectos esenciales: el carácter práctico y transformador de esta ciencia (decidir en pro de la satisfacción humana), y la dualidad del objeto de esa decisión: unos recursos que son escasos y que, además se pueden destinar a satisfacer diferentes necesidades. 

           Que la economía trata sobre lo "escaso" es algo que tenemos asimilado en el lenguaje ("ecónomo", "hacer economías", "economizar") incluso en el lenguaje más vulgar, cuando se habla de que una cosa "es económica", entendiendo por tal que es (la más) barata. Y de ahí el refranero la enlaza con el "ahorro" y acaba asociando economía y ahorro, en un maridaje que nada tiene que ver con lo científico, pero que ha calado hondo en la moral y mente de las personas, como una virtud. Y ya se sabe que las virtudes engendran más sufrimiento colectivo que los vicios (y si no lo sabíamos a leer filosofía francesa contemporánea empezando por Alan Badiou). 

             Que (ciertos) recursos son escasos es algo que se ha visto desde siempre: las limitadas capacidades de producción, extracción o explotación hacían que, al final, lo disponible fuera una cantidad determinada extraída (un "stock"), sobre la que había que decidir. Sin embargo el problema de la "agotabilidad" de los recursos, o si se quiere el que los recursos (como el planeta) son limitados, es, como problema, repito, algo más reciente en la ciencia económica y, por ello mismo, menos estudiado(*). A nivel teórico desde siempre se ha conocido que los recursos son finitos, pero esto no constituía un problema económico porque se estaba muy lejos de agotarlos. Sin embargo, eso ahora ha cambiado: luego la cuestión ya no es sólo de escasez sino de agotamiento y la definición actualizada de economía debería ser: “la ciencia que busca la satisfacción de las necesidades humanas mediante decisiones sobre el uso de recursos escasos y agotables, susceptibles de usos alternativos”. 

           La primera cuestión que me suscita esta nueva definición es la doble limitación de un recurso agotable: todos los recursos son agotables ("planeta finito") pero cada recurso aisladamente considerado debe analizarse con una nueva definición: la "sustituibilidad". Si un recurso en concreto es agotable pero sustituible por otro u otros, el problema a corto o medio plazo se soluciona mediante la sustitución del recurso agotado por el o los otros. En ese proceso de sustitución, hay que tener en cuenta dos factores: los "costes de transición", que en algunos casos pueden ser dramáticos, y la "limitación general de recursos" que supone que, al final (por eso recalco lo de a corto o medio plazo) operará limitando el número de sustituciones porque se agotarán también cada uno de los sustitutivos: más o menos tarde, también el sol se apagará. 

         Para un hombre que se cae desde la azotea de un rascacielos, la posibilidad de una "toma de decisiones" para salvarse es imposible. Lo primero que tenemos que ver y discutir es si estamos en esta situación, porque, si ello es así, no merece la pena emplear la ciencia económica (**) ni ninguna otra. Esa es la impresión (aunque tengo por cierto que no es la voluntad ni pensamiento del autor) que se tiene leyendo mi blog hermano. Estoy seguro que es una dramatización interesada del futuro como vía de concienciación, empleando los mismos recursos psicológicos que se utilizan en las campañas de tráfico o en las cajetillas de tabaco, recordando, de paso, que si no hacemos nada, ése será CON CERTEZA nuestro futuro (o nuestros pulmones, nuestra traquea, o nuestra dentadura). 

           No creo que no haya espacio para la toma de decisiones (ni mi hermano tampoco lo cree). Sí que lo hay, pero no será en el entorno de un sistema económico capitalista, ni de una economía de mercado, porque, sencillamente no son sistemas viables para un mundo de recursos limitados, puesto que su "motor" está basado en el mecanismo del crecimiento ilimitado. 

           Ya tenemos la primera pieza del puzzle: un nuevo sistema debe estar basado en el crecimiento limitado, o mejor aún en el decrecimiento: deberemos contentarnos con "vivir con menos". Este "vivir con menos" conlleva decisiones problemáticas: no sólo es "vivir con menos", es que además "tiene que vivir menos gente" (algo que se acepta en mi familia y en el blog de Quim y que yo me resisto a creer) y/o "hay que vivir menos tiempo" (quizá mi alternativa minoritaria a las opiniones anteriores). Aunque, eso sí, en este último caso, habría que vivir más intensamente en cuánto a sensaciones y sentimientos (recursos inagotables por cierto), para lo que habría que abolir los esquemas morales, sociales y religiosos que hoy imperan en Occidente y en Oriente, y en el Norte, y en el Sur, pues pocas sociedades están basadas en el erotismo (de "eros", amor, aclaro) y la sensualidad (a seguir leyendo a Badiou). 

          Por el medio habría que abordar decisiones económicas "tácticas" o intermedias. Se me ocurren dos de cierta relevancia: no todos los recursos tienen la misma capacidad de agotamiento: como antes indiqué, el último pozo de petroleo (o de carbón, o de uranio) se secará antes de que se apague el sol; y, en segundo lugar, existen recursos que, al menos parcialmente, pueden ser reciclados. La toma de decisiones para la creación de una economía "sustentable"(***) debería tener en cuenta estos dos aspectos y orientar la toma de decisiones al favorecimiento de la diversidad de fuentes de energía renovables, sin olvidar otras derivadas, como los cambios alimenticios hacia dietas basadas en cereales y en general vegetales, en lugar de carne. Y también se debería orientar hacia la utilización de recursos "reciclables", pero sin olvidar que estos dos aspectos no son la panacea de nada: lo verdaderamente estratégico es una economía (y una sociedad) limitada, para unos recursos limitados. ¡Veremos si somos capaces de ello! 

           Ignoro si este es el tipo de post que se espera de un blog "cañero" como el que tripulo y si, lo que es más importante, con este post satisfago las ansias de mi hermano y de sus compañeros, por conocer mi opinión sobre estos temas y si me tomo en serio o no la cuestión del "peak oil". Habría que dedicar otro a la "teoría general de un blog", sobre lo que debería ser un blog, en mi opinión, un vehículo divertido de opinión, agitación y propaganda y no una separata de "Science" o "Sistema" (lo que por cierto, a los que no somos profesionales de esto, rebajar el nivel intelectual del blog  nos agobia menos). Pero esto quedará para otra ocasión.





(*) Por eso sorprende que economistas de la talla de Krugman, en su largo, largo artículo publicado en El País construir una economia verde sobre la contaminación no se plantee, siquiera de refilón el problema del agotamiento de los recursos contaminantes.
(**)LLevo empleando el tema "ciencia económica" todo el rato pese a que, como sabe quién me conoce, niego la consideración de ciencia a la economía, lo correcto sería hablar de "arte económico" pero el término podría ser confuso, con lo que estoy.
(***) prefiero usar este término, empleado entre los "ambientalistas" (otro término interesante) sudamericanos, en lugar del de "economía sostenible" tan prostituido por las "transnacionales" (gracias de nuevo por el término a los hispanoamericanos) y sus lacayos (ZP).

viernes, 23 de abril de 2010

Apocalypse now!

          La visión apocalíptica pero real que proclama mi blog hermano (o mi hermano en el blog, según se combinen las palabras) oilcrash tiene ya una solución “oficial”.

           José Luis Sampedro (Barbarie ) dice que vivimos en una época de barbarie de la que saldrá un nuevo orden mundial: una dictadura tecnocrática, que racionará los bienes y servicios de forma que no se produzca el caos anunciado. Arrinconará a la economía de mercado, pero no creará una sociedad más justa por ello, ni tampoco será criticada porque sus defensores saldrán de las mismas filas de los que hoy abanderan la libre empresa. Los poderosos aceptarán ceder formalmente el poder a cambio de tener asegurada la supervivencia y, no lo olvidemos, seguir siendo unos privilegiados. Esto ya sucedió con el Tercer Reich, ¿o es que alguien sostiene que se creó por razones distintas que para proteger el capital alemán amenazado?, y ahora sucederá a escala planetaria. Nos dirán cuánto podemos consumir, establecerán decretos ordenando “dos coches por escuadra, tres pleiesteisions por compañía...” y a muchos (los que sobran) los condenarán a la muerte mediante guerras injustas o simples hambrunas. Así se habrá salvado a la raza humana.
            Cuando llegue el momento, la pregunta del millón será ¿por quién tomar partido?

domingo, 11 de abril de 2010

La gota que colma el vaso

          Cuando los pozos de petróleo no den más de sí, cuando se expriman las últimas gotas de ese preciado líquido y se extraigan los últimos litros de gasolina disponibles para la Humanidad, ¿a qué creen que se destinarán? Les puedo asegurar que no, desde luego a una ambulancia que lleve a un paciente a un hospital, ni para calentar una escuela en invierno. Ni siquiera para mover un blindado del ejército norteamericano por tierras de Afganistán. ¡No! ¡qué va!. La última gota de gasolina se utilizará probablemente para mover una moto de agua, para un paseo en ferrari por la Riviera Francesa, para arrastrar unos metros un yate en Puerto Banús, o para alguna “pijada” similar. Eso seguramente, pero, ¿por qué?

           Porque la distribución de los bienes y servicios en el sistema capitalista la realiza el mercado, y el mercado sólo atiende a la regla de la oferta y la demanda: el que más dinero está dispuesto a pagar se lleva el producto, los demás esperan: si hay más, podrán comprarlo a un precio más bajo. Si no hay más se quedan mirando. El que no tiene dinero, ese se queda siempre “de mirandola”, haya o no haya productos, e, incluso, puede quedarse mirando cómo se destruyen los “excedentes”, antes de recibirlos “por la cara” (H&M). El para qué se utilice el bien o servicio en cuestión, al mercado le trae al pairo.
            Si sigue habiendo economía de mercado, no cabe duda que cada vez que se vaya agotando un recurso, los últimos empleos de estos recursos no serán los más lógicos, ni los más beneficiosos para la sociedad, ni los que aumenten en mayor medida la felicidad de sus individuos (principio utilitarista de interesantes consecuencias)... Será más bien para lo que decida el que los compró, el que pagó por ellos.

           Con esto se ve que la economía de mercado (un hombre, X votos monetarios) no sólo es incompatible con la democracia (un hombre, un voto), sino también con un futuro de escasez de recursos.