"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

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martes, 25 de mayo de 2010

Glasgow smile

          La nómina de famosos que se incorporan a las campañas de publicidad de las grandes compañías ha registrado una brillante incorporación este último mes. Si ya estábamos hartos de ver a  Alonso vender las excelencias de un banco o a Casillas las de una entidad de seguros que, hace mucho, dejó de ser una mutua; se incorpora ahora Su Majestad a vender las maravillas de nuestro Sistema Público de Salud: "Aquí te atienden mejor que en ningún sitio, saben más que nadie, y te curarán hasta de lo que no tienes. ¡Compra Sanidad Española!"(*) 

           Lo cierto es que el Sistema Nacional de Salud español sufre desde hace tiempo de trastorno bipolar: mientras es puntero en las últimas técnicas médico-sanitarias, se tambalea, como ningún otro en el mundo occidental, en la atención básica o primaria, hace mucho tiempo dejada de la mano de dios. Es posible que sea en España (en los Hospitales españoles, algo que "nos llena de orgullo y satisfacción") dónde se realice el último tratamiento genético para eliminar de la descendencia de una persona una enfermedad hereditaria, dónde se realice un trasplante no intentado nunca hasta ahora en la "pista de la cirugía", o que se consiga "el más difícil todavía" en cualquier especialidad médica. Sin embargo, en ese mismo Sistema Nacional de Salud, las Urgencias se colapsan con una simple gripe, los pasillos de los Hospitales se llenan de camas, faltan vacunas en la atención primaria y los ambulatorios se convierten en fábricas de recetas. Lo que sucede, Majestad, es que sólo acude al hospital (al mejor hospital) para cosas graves: para cosas leves ya tiene su equipo médico de Zarzuela. 

              No le voy a pedir, Majestad, que lea los numerosos informes al respecto, ni lo que ha escrito Vicenç Navarro sobre este problema, en su doble condición de médico y economista. No se lo voy a pedir porque soy consciente de que, a su edad, la vista cansada no perdona. Pero le sugiero que realice un experimento: salga a la calle, hable con sus paisanos, los de los barrios, sobretodo con la gente que es de su edad. Pero no preste atención a lo que hablan, sólo fíjese en su boca, en el estado de su dentadura(**): ese es verdaderamente el más fiable indicador del desarrollo de la Sanidad de un país. ¿Lo ve, Majestad?: lo que yo le decía.


(*) En diecisiete sabores distintos. Ya disponible en tu Comunidad Autónoma. 


(**) En la campaña electoral del PSD alemán, con Schröder, se presentó un póster con la imagen de un niño de doce años, sonriendo, sin varias piezas dentales. El lema era "No permitamos que se pueda reconocer la clase social de los niños alemanes mirándoles su sonrisa". De nuevo el ejemplo no es mío (pocas cosas en este blog lo son): Navarro lo cuenta en su libro "El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias" que repite textualmente un artículo que publicó en 2.001 en El Periódico de Catalunya ¿Existe la clase trabajadora?. Por cierto, como asesor de Borrell en las legislativas de 2.000,  Navarro propuso una campaña parecida: pero esa campaña fue desarticulada por ese acorazado de la derecha ¿civilizada? de  EL PAÍS. ¿Un entrenamiento para el posterior bombardeo contra Borrell?¿Y lo de Borrell?¿El entrenamiento para un golpe de mano en el partido cuatro años después? Permanezcan a la escucha.