"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

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miércoles, 19 de mayo de 2010

Scrabble

          Hoy, para rebajar el nivel del blog, uno facilito...

          ¿Cómo se llama a un gobierno, partido, ideología o individuo partidario de recortar las prestaciones sanitarias a los inmigrantes porque "compiten" en los hospitales con los nacionales de un país? A ver si tengo las letras: F _ _ _ _ _ _ A. 

            ¿Cómo se llama a un gobierno partidario de recortar las prestaciones a los trabajadores públicos porque "compiten" con las prestaciones de los parados de un país? A ver si también tengo las letras: S _ _ _ _ _ _ _ _ A.
            ¿Cómo se llama a un partido que justifica cualquiera de las dos preguntas anteriores. ¡Ah!, para eso sí que tengo las letras: P.S.F.E. Ya sólo queda refundarlo.
            Y me sobran una P, una U y una H. ¿Cuál sería el lema histórico por el que deberían estar unidos trabajadores públicos y privados, parados, pensionistas, estudiantes, amas de casa...? U.H.P: Unión de Hermanos Proletarios. 
            Pero esas letras, en esta esquina, al suroeste del tablero puntúan más: ¿Cómo deberíamos llamar a los ciudadanos de un país cuyos trabajadores (*) aprueban recortes de sueldo a otros trabajadores? Pues también me valen las mismas letras: U.H.P: Unión de Hijos de P.




(*) Curiosamente, los autónomos, por lo menos con los que yo hablo, están temblando con el recorte de sueldos a los funcionarios.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Citizen K. y la función de asignación del Estado. Episodio 3

         He introducido este capítulo como "bonus track" habida cuenta de los tristes acontecimientos ocurridos hoy en España.

          La mujer de ciudadano K. es diseñadora. Trabaja en una empresa de cerámicas y porcelanas realizando composiciones de baldosas, baldosines y azulejos sobre diversos escenarios (cocina, baño, exteriores...) que luego se fotografían y se ponen  en un catálogo para proponer ideas de decoración a los clientes. Todo "muy fino" como se ve, porque, como hemos dicho, ciudadano K. o mejor dicho él y su familia, además de un idiota liberal contemporáneo está también afectado por el pijismo urbanita que invade las calles de Madrid (y me temo que las de Barcelona). 

             Esta mañana K. escuchó en la radio (o se conectó a internet en horas de trabajo: ¡uy, uy. uy, si te pilla el jefe!) que el Presidente del Gobierno había decidido rebajar el sueldo de los funcionarios un 5%. "Por fin" dijo, "este pancartero hace algo. Esto es lo que hacía falta, que recorten el sueldo a estos vagos y mangantes", reproduciendo como un papagayo, lo que llevaba leyendo, día sí día también, en el panfleto del Perro Jdiota, único periódico que, es obvio decirlo, entraba en casa de K. (y no todos los días, porque habiendo televisión e internet, es bobada tener que leer negro sobre blanco). 

             Efectivamente ZP recortó el sueldo a los funcionarios, incluso más a los que más ganaban. Los funcionarios tuvieron que apretarse el cinturón: dejaron de ir al bar en la hora del café y pasaron a tomarlo en casa. Dejaron de ir de vacaciones a cambio de "pegar la gorra" en casa de la tía del pueblo... pero también dejaron de cambiar baños y cocinas y ahí K, o mejor dicho su mujer, empezó a notar que, a lo mejor, la idea no había sido tan brillante, especialmente por lo que se refería al recorte a los funcionarios que más ganan, que solían ser clientes de Porcelanosa. A falta de pedidos en la empresa de cerámicas empezaron los despidos, y, al aprovechar los catálogos del año pasado, la primera que se fue a la calle fue la sufrida (aunque pija) esposa de K. Y no sólo ella: también tuvieron que cerrar unos cuantos bares, algunas librerías (porque muchos funcionarios tienen la maldita costumbre de leer), mercerías, agencias de viaje, zapaterías... El paro se disparó otro medio millón de personas, y la economía se contrajo otro punto porcentual de P.I.B. Eso sí, las ganancias de los mercados se multiplicaron por diez. 

             K. necesitó que su economista de la guarda, el que se le aparecía en sueños le explicara que toda el sistema económico está interrelacionado, que en épocas de recesión hay que gastar y que el que mejor gasta es el Estado, entre otras cosas mediante el pago de pensiones, prestaciones y salarios a funcionarios. Le explicó que, según todos los economistas (y gracias en primer lugar a L. Robbins) el Estado tiene tres funciones esenciales para que funcione la economía: una función de asignación, otra de estabilización y otra de redistribución. Le explicó que la primera función, la de asignación, consiste en que el Estado actúa como un agente económico más comprando y vendiendo bienes y servicios, y que dado el tamaño del Estado en los países democráticos occidentales de nuestro entorno (probablemente en Afganistán no sea así: estado de mínimo tamaño, quizá el paraíso de la libre empresa), si el Estado "echa la trapa" la gente del barrio ya puede ir pensando en irse a vivir a otro sitio. Cuando, por fin, K. lo entendió ya era demasiado tarde: su mujer estaba de patitas en la "rue". 

             Por cierto, ese día, fue tal la crisis de ansiedad que tuvo que  acompañar a su mujer hasta las urgencias de un espe-hospital cercano. Allí la atendió una enfermera, que también era  funcionaria,  que la inyectó un tranquilizante. Costó tiempo porque la enfermera llevaba dos días sin dormir doblando (y multiplicando) turnos porque, con el recorte de personal, sólo están ella y otra chica embarazada. Pero, pese a todo, la mujer de K. tuvo suerte: ahora está privatizada la gestión de ese hospital y gracias una gestión más eficiente (y más barata) cuando llegas, tienes que ponerte tu mismo la inyección de tranquilizante. Y como hay muchos accidentes con eso, creo que están probando con supositorios.

sábado, 27 de febrero de 2010

¡A por ellos! ¡oé! ¡A por los funcionarios! ¡oé!

        Año 2.010 D.C. Toda España está dominada por los dictados de los mercados financieros internacionales que piden un recorte presupuestario de dónde sea. ¿Toda?: no, una pequeña aldea resiste y seguirá resistiendo al invasor con una poción secreta que les hace invencibles. ¿Cuál es el secreto de esa poción?: la dignidad.

          Se ha abierto la veda de la caza del funcionario, ese “ser vago de habilidad indefinida”. La primera estrategia de las legiones neoliberales es crear en el imaginario colectivo la idea de que un funcionario es algo parecido a lo que sale en las viñetas de Forges: un “tío” (o "tía") calvo y gordo, puesto en la ventanilla para cabrear al personal la mitad de los días; la otra mitad tumbado a la bartola en su casa pretextando cualquier enfermedad. Pero lo cierto es que funcionarios son los maestros, los jueces, el policía y el guardia civil, el médico y la enfermera (aun cuando se consideren personal estatutario), el barrendero (si no se ha privatizado el servicio), el bombero, el asistente social... y así un largo etcétera de profesiones que gozan de un gran respeto por la sociedad y que sí, son ejercidas por funcionarios.
          La segunda idea falsa es que al funcionario hay que reducirle el sueldo: ¿pero no se le ha reducido ya lo suficiente? Si en una fábrica hay dos trabajadores, uno de ellos se jubila y el otro continua haciendo el trabajo de los dos por el mismo sueldo, lo cierto es que le han rebajado el sueldo a la mitad. Por la misma regla de tres ¿qué está sucediendo cuando no se reponen las jubilaciones en las plantillas de la Administración Pública? Pues que, de hecho, ya se están bajando los sueldos a los funcionarios: los que quedan tienen que hacer el trabajo de todos. No debería ser extraño que, en algún momento, alguien se equivoque de medicamento en un Hospital o algún barrio quede sin protección policial.
          Los sueldos de los funcionarios no son dinero tirado: el funcionario, como todo ser vivo, consume: parte de su sueldo (si no todo) se emplea en la adquisición de bienes y servicios provistos por las empresas cuyos dueños habitualmente despotrican en contra de ellos: consciente o inconscientemente estos empresarios muerden la mano del que les da de comer.
          Los funcionarios no están bien pagados: el mayor número de “mileuristas” se encuentran entre este colectivo y está situación no se ha corregido ni siquiera en las épocas del “boom” económico. Y entre los niveles superiores de la Administración un funcionario cobra entre tres y diez veces menos que el puesto directivo equivalente en la empresa privada. Y por si los datos no fueran elocuentes mirad los comportamientos: el paso de un funcionario siempre es hacia la empresa privada (esa que reparte dividendos) y casi nunca es hacia la Administración Pública (esa que reparte dividendos sociales).
          En España no hay demasiados funcionarios: en Francia o en Alemania el número de funcionarios en proporción a la población es mucho mayor que en España, justo al revés de lo que sucede en Senegal o Mozambique. ¿con quién nos queremos comparar?
          Los funcionarios tampoco se beneficiaron de la burbuja del crecimiento, no incurrieron en los vicios de estos años, no se vendieron por un plato de lentejas... Pero, pese a todo, hay que ir por ellos ¿por qué?
          Evidentemente porque, en una situación como la actual, resisten al invasor: siguen estando más o menos organizados sindicalmente, gozan de una estabilidad laboral (que no hay que eliminar sino extender a los demás colectivos de trabajadores), son independientes, en muchos casos accedieron a sus puestos de trabajo por un principio de capacidad y mérito, administran los resortes necesarios para que funcione un Estado Social y Democrático de Derecho... Todo esto es, sencillamente, imperdonable.