"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

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miércoles, 12 de mayo de 2010

Citizen K. y la función de asignación del Estado. Episodio 3

         He introducido este capítulo como "bonus track" habida cuenta de los tristes acontecimientos ocurridos hoy en España.

          La mujer de ciudadano K. es diseñadora. Trabaja en una empresa de cerámicas y porcelanas realizando composiciones de baldosas, baldosines y azulejos sobre diversos escenarios (cocina, baño, exteriores...) que luego se fotografían y se ponen  en un catálogo para proponer ideas de decoración a los clientes. Todo "muy fino" como se ve, porque, como hemos dicho, ciudadano K. o mejor dicho él y su familia, además de un idiota liberal contemporáneo está también afectado por el pijismo urbanita que invade las calles de Madrid (y me temo que las de Barcelona). 

             Esta mañana K. escuchó en la radio (o se conectó a internet en horas de trabajo: ¡uy, uy. uy, si te pilla el jefe!) que el Presidente del Gobierno había decidido rebajar el sueldo de los funcionarios un 5%. "Por fin" dijo, "este pancartero hace algo. Esto es lo que hacía falta, que recorten el sueldo a estos vagos y mangantes", reproduciendo como un papagayo, lo que llevaba leyendo, día sí día también, en el panfleto del Perro Jdiota, único periódico que, es obvio decirlo, entraba en casa de K. (y no todos los días, porque habiendo televisión e internet, es bobada tener que leer negro sobre blanco). 

             Efectivamente ZP recortó el sueldo a los funcionarios, incluso más a los que más ganaban. Los funcionarios tuvieron que apretarse el cinturón: dejaron de ir al bar en la hora del café y pasaron a tomarlo en casa. Dejaron de ir de vacaciones a cambio de "pegar la gorra" en casa de la tía del pueblo... pero también dejaron de cambiar baños y cocinas y ahí K, o mejor dicho su mujer, empezó a notar que, a lo mejor, la idea no había sido tan brillante, especialmente por lo que se refería al recorte a los funcionarios que más ganan, que solían ser clientes de Porcelanosa. A falta de pedidos en la empresa de cerámicas empezaron los despidos, y, al aprovechar los catálogos del año pasado, la primera que se fue a la calle fue la sufrida (aunque pija) esposa de K. Y no sólo ella: también tuvieron que cerrar unos cuantos bares, algunas librerías (porque muchos funcionarios tienen la maldita costumbre de leer), mercerías, agencias de viaje, zapaterías... El paro se disparó otro medio millón de personas, y la economía se contrajo otro punto porcentual de P.I.B. Eso sí, las ganancias de los mercados se multiplicaron por diez. 

             K. necesitó que su economista de la guarda, el que se le aparecía en sueños le explicara que toda el sistema económico está interrelacionado, que en épocas de recesión hay que gastar y que el que mejor gasta es el Estado, entre otras cosas mediante el pago de pensiones, prestaciones y salarios a funcionarios. Le explicó que, según todos los economistas (y gracias en primer lugar a L. Robbins) el Estado tiene tres funciones esenciales para que funcione la economía: una función de asignación, otra de estabilización y otra de redistribución. Le explicó que la primera función, la de asignación, consiste en que el Estado actúa como un agente económico más comprando y vendiendo bienes y servicios, y que dado el tamaño del Estado en los países democráticos occidentales de nuestro entorno (probablemente en Afganistán no sea así: estado de mínimo tamaño, quizá el paraíso de la libre empresa), si el Estado "echa la trapa" la gente del barrio ya puede ir pensando en irse a vivir a otro sitio. Cuando, por fin, K. lo entendió ya era demasiado tarde: su mujer estaba de patitas en la "rue". 

             Por cierto, ese día, fue tal la crisis de ansiedad que tuvo que  acompañar a su mujer hasta las urgencias de un espe-hospital cercano. Allí la atendió una enfermera, que también era  funcionaria,  que la inyectó un tranquilizante. Costó tiempo porque la enfermera llevaba dos días sin dormir doblando (y multiplicando) turnos porque, con el recorte de personal, sólo están ella y otra chica embarazada. Pero, pese a todo, la mujer de K. tuvo suerte: ahora está privatizada la gestión de ese hospital y gracias una gestión más eficiente (y más barata) cuando llegas, tienes que ponerte tu mismo la inyección de tranquilizante. Y como hay muchos accidentes con eso, creo que están probando con supositorios.