Preparando una exposición que realizaré en la Universidad de Valladolid este miércoles, extraigo los siguientes datos de los informes anuales de Recaudación de la Agencia Tributaria (información pública disponible en su web): en 2.000, la recaudación líquida por el Impuesto sobre Sociedades ascendió a 17.207 millones de euros (toda la recaudación impositiva del Estado ascendió a 107.764 millones); en 2.004 la recaudación líquida por ese concepto tributario subió hasta los 26.020 millones de euros (total de ingresos tributarios estatales 140.854 millones de euros); en 2.007 se llegó al techo: 44.823 millones de euros (sobre 200.676 millones de euros que era la recaudación líquida de todos los impuestos estatales). A partir de ahí, el desplome: en 2.009, por ejemplo, la recaudación líquida descendió hasta los 20.188 millones, con una recaudación líquida de todos los impuestos estatales de 144.023 millones de euros.
Como el lector enseguida advierte hay un descenso de recaudación a niveles de principios de siglo y ese descenso se aprecia especialmente en el Impuesto sobre Sociedades, que, haciendo los oportunos cálculos pasa de representar casi una cuarta parte de la recaudación (22,3%) en su "finest hour" a suponer tan solo un 14% de la recaudación líquida total en 2.009.
La primera lección que se saca de estos datos es el desplome de los ingresos públicos, que es la verdadera causa del déficit público español. Pasado mañana presentaré al público las cifras haciéndoles ver que cada dedo de su mano representa 10.000 millones de euros: en 2.000 los ingresos del impuesto sobre sociedades representan casi dos dedos (el meñique y el anular) de los diez dedos de las dos manos. En 2.004 lo recaudado por el Impuesto sobre sociedades representaba casi tres dedos (corazón, anular y meñique) de los dedos de las dos manos y un pie. En 2.007 los ingresos por el Impuesto sobre Sociedades suponen casi "la manita" teniendo en cuenta los dedos de las dos manos y de los dos pies. En 2.009 los ingresos por el impuesto sobre sociedades son dos dedos sobre los dedos de las dos manos y un pie: la crisis ha supuesto que nos hayan amputado un pie, la crisis y los desvaríos del "in-solbes-nte submarino tuerto" y del pato mareado que lo capitanea, han supuesto que, a la recaudación por el Impuesto sobre sociedades la hayan quitado, de golpe, la mitad de su peso. Por cierto, también les contaré, que después de habernos cortado un pié, cuando andamos cojeando, la clac del capitalismo europeo nos insulta llamándonos vagos, por no correr lo suficientemente deprisa(*).
Pero, el rayo neoliberal de nuestro gobierno, que no cesa, va más allá. El año pasado se ha metido la tijera para amputar los "dedos" que quedan al Impuesto sobre Sociedades, hasta dejarlo reducido a un impuesto tipo "bonsai", a la irlandesa: ya son pymes (empresas de reducida dimensión) y por tanto tributan a tipos más reducidos las "pequeñas" empresas, cuya cifra de negocio, es inferior, a la mísera cantidad de 10 millones de euros (el tendero de la esquina): éstas empresas pagan por sus primeros 300.000 euros de beneficio(**), el sueldo de un controlador, el 25%, un tipo equivalente al del mil eurista más bajo de la escala de IRPF (un 24%). Si además la sociedad es una microempresa, menos de 5 millones de euros de cifra de negocios y una plantilla de menos de 25 trabajadores (es decir el kioskero de debajo de casa), paga todavía menos: el 20% sobre sus primeros 300.000 euros de beneficio y el 25% por los restantes, hasta el infinito y más allá. Aparte, claro está, la libertad de amortización, que permite comprar hoy y pagar impuestos cuando las ranas críen pelo. Todo esto conviene saberlo cuando miremos el recibo de la luz o la cesta de la compra y veamos lo que ha subido del 16 al 18% de IVA, pues los impuestos son la "comida" del Estado y lo que no se saca por un lado (el bolsillo de los beneficios empresariales de las sociedades) se saca por otro (tu bolsillo de consumidor final y "pringao" del sistema).
¿Y todo esto por qué se hace? Porque el empresario español, como el Rey, es primo hermano del empresariado alauita: cuando en España el empresario quiere producir más barato, no se acuerda, como el alemán de invertir más, ni de formar y pagar más a sus trabajadores. Prefiere, y le es más cómodo, hacerse el "marroquí": presionar al Gobierno de sicarios (PP) o peleles (PSOE) de turno, para que rebaje los costes de producción: y estos costes de producción (rebajables) son de tres tipos: los salariales (que se bajen los sueldos del "currito"), los costes de la Seguridad Social (que se bajen las cotizaciones, aunque con ello no haya pa'pensiones) y los impuestos sobre los beneficios empresariales. De rebajar sus beneficios ni hablar, se inviertan en algo o se destinen al consumo improductivo de esta parasitaria clase ociosa. ¡Así, Señor Marqués, da gusto competir!
Así son nuestros empresarios, no los de Marruecos, no, los de España: Salad en inglés, que quiere decir ensalada en castellano.
(*) Esa es la causa primordial de nuestro déficit: la caída de ingresos, no el “despiporre” de gastos.
(**) Conviene indicar que, todavía en Hacienda, si no hay beneficios no cobramos impuestos directos: vamos que no ponemos impuestos a las pérdidas, o a quién no tiene rentas.