"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

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martes, 23 de marzo de 2010

El arte de la guerra

         En el moderno arte de la guerra, se debe a Clausewitz y más recientemente a L. Hart la formalización de una estrategia militar conocida desde la antigüedad: la aproximación indirecta.

          Mediante esta estrategia, en lugar de combatir directamente al enemigo, se busca un debilitamiento progresivo que incapacite al rival a seguir batallando. “En la estrategia indirecta, la fuerza pasa a un plano secundario y en su lugar se da prelación a un hábil planeamiento que mediante acciones psicológicas y bajo un decidido y eficiente liderazgo afecte gravemente la moral del contendor ” (*).
           Una aplicación práctica de esta estrategia de aproximación indirecta es lo que está sucediendo con las propuestas de limitar el gasto de las Comunidades Autónomas: en primer lugar se crea la idea de que las Comunidades son un lujo superfluo, que derrochan el dinero y que no sirven más que para enchufar a amiguetes y compinches de partido. A continuación se exige que se sometan a una rígida disciplina presupuestaria, que reduzcan sus gastos, que eviten endeudarse, que reduzcan su tamaño.
            Pero nos olvidamos (los que han puesto en marcha esta estrategia está claro que no) que los gastos relevantes de las Comunidades Autónoma, los que están haciendo desequilibrar sus presupuestos, son los gastos en Sanidad, Educación, y, recientemente en Dependencia. De este modo, apretando de esta forma tan “indirecta”, se consigue, finalmente, reducir el gasto social, el gasto social de las Comunidades Autónomas, que son las principales administraciones que gestionan este gasto.
           Como se ve, no ha sido necesario atacar directamente al Estado de Bienestar ni recortar sus conquistas en una gran batalla: es más eficaz seguir esta estrategia: así todos de acuerdo (izquierdas y derechas), y a seguir recortando Estado Social, como si tal cosa.
            Nuestro Presidente estuvo pensando en contratar a Sun Tzu como asesor en la Moncloa, antes de que fichara para los de la calle Génova. Afortunadamente, alguien muy cercano le dijo que no podía hacerlo, porque Sun Tzu había fallecido, según creía, hace poco.








* Puyana G. , Teorías de la guerra en Moltke y Liddell Hart, Revista de Estudios Sociales, no. 15, junio de 2003, 109-121.

sábado, 6 de marzo de 2010

Una, Grande y Libre.

         Que la culpa del déficit en España la tienen las autonomías es algo que estamos acostumbrados a oír en los medios de la caverna; lo que es más sorprendente es empezar a oírlo también entre las voces de izquierda (Escolar-Público).

          La realidad es otra: al margen de los “a-ochos” de Touriño, circuitos de formula 1 en Valencia o Cortes faraónicas como las de Castilla y León, lo cierto es que el déficit de las Comunidades Autónomas procede de la asunción de dos de las competencias que más gasto público suponen (y más deberían suponer en un Estado subdesarrollado como el nuestro): la Sanidad y la Educación. Como quiera que, además, la transferencia de tales competencias NO ha ido acompañada de la financiación suficiente, el déficit fiscal de las Comunidades Autónomas parece desorbitado. Ocultando este hecho, la “basca neoliberal” pretende que se recorten los gastos de las Comunidades Autónomas y, de esta forma, recortar también el gasto en Sanidad y Educación.
           Por eso, por paradójico que resulte al profano, la solución al déficit de las Comunidades Autónomas no consiste en recortar sus gastos sino en mejorar sus ingresos: aumentar su capacidad de financiación. En esto sí son culpables las autonomías porque la mayoría de ellas viven muy a gusto gastando la propina ,mientras que el papá de la Administración Central tiene que ir casa por casa a recaudar los dineros necesarios. En algún caso, incluso, determinadas Comunidades Autónomas se han permitido el lujo de rebajar su (escasa) imposición directa, favoreciendo a las grandes herencias de los ricos instalados en sus territorios.
           También hay que reconocer que cuando una Comunidad ha reclamado una mayor capacidad de financiación (como es el caso de Cataluña) los grandes partidos nacionales se la han echado encima como fieras: unos de forma descarada (como el caso de PP) y otros de forma sibilina (PSOE), mediante engaños, traicionando sus propias propuestas (pacto territorial Santillana), y dejando colgados de la brocha a los militantes de esa Comunidad.
           Si la solución no es recortar el gasto de educación y sanidad, ni “devolver” estas competencias al Estado, sino establecer la corresponsabilidad fiscal real de las Comunidades Autónomas, de forma que puedan gestionar todos los impuestos que se recaudan en su territorio, y subirlos, si es necesario, para atender las demandas sociales, parece cierto lo que muchos pensamos: que el Estado de las Autonomías era un primer paso hacia el Estado Federal y que sólo éste último resolverá muchas de las contradicciones que hoy se mantienen fruto de que no somos “ni chicha, ni limoná”. Y no, Señor Escolar, a España le queda mucho para ser un Estado Federal.