"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

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miércoles, 16 de marzo de 2011

¡Boooooooom....ba!

          Aprovechando los tristes "incidentes" acaecidos en las centrales nucleares del Japón, como consecuencia del terremoto que han padecido y teniendo en cuenta que estos incidentes han sido aprovechados por "los de siempre", gente antisistema, contrarios al orden y al progreso, y, en definitiva, "chusma" ecologista, feminista, y homosexual, debo romper no una sino varias lanzas en favor de la energía nuclear.



          1.- Algunos desaprensivos dicen  que no se construyen más centrales nucleares porque no son rentables, no porque existan restricciones legales o gubernamentales: incierto. He intentado varias veces instalar unas cuantas en diversos locales de los que soy propietario y jamás lo he conseguido, debido al intervencionismo y reglamentación de los poderes públicos; en mi caso, especialmente, de los entes locales: se han negado a darme los permisos correspondientes, la licencia de obra, la de apertura... todo ello pese a contar con un proyecto de prevención de riesgos y un plan de seguridad excelente.



          2.- Esos mismos desprensivos dicen que las "nucleares" no pagamos nuestras facturas: ni las medidas de seguridad ante actos de terrorismo, ni los gastos derivados de los incidentes, ni la gestión y recogida del combustible, ni el almacenaje de residuos durante miles de años, ni tampoco los muertos que, en países dejados de la mano de dios, provoca la extracción del mineral radioactivo. Incierto también, porque, que se sepa, yo pago mis impuestos, y por tanto exijo que el Estado se lleve mi basura, limpie las calles y me proteja frente a los islámicos o islamistas radicales (o como se diga): yo pago, entonces exijo. Sobre los muertos de África que se lo pregunten a los sátrapas de allí: cuando yo voy a hacer la compra, yo no pregunto de dónde vienen las cosas: simplemente las cojo de la alacena y pago. Exacto he dicho "y pago" y con eso ya cumplo con mis obligaciones contractuales.



           3.- Tampoco veo a santo de qué hay que abrir ahora un debate sobre la energía nuclear, si hasta ahora se ha demostrado que es una energía limpia y segura: para una vez que mato un perro, ahora me llaman mataperros. Si en otros países como Alemania, Francia o Estados Unidos quieren abrir el debate, allá ellos. Menos mal que contamos con nuestro agente doble en Berlín, (nombre clave, Miguel), para contrarrestar esas modas extranjeras: aquí no es el momento de discutir nada, eso queda para las sociedades que tienen estudios, para los países que saben... Gracias a Dios el pasado fin de semana se estrenó Torrente 4, que ha permitido que la gente pueda vivir feliz y despreocupada, al menos durante un fin de semana: es el derecho al descanso (físico e intelectual) lo que estos agitadores quieren destruir.



          4.- Toda crisis, real o percibida como tal, es una buena oportunidad para realizar un cambio o, en su caso, para hacer negocio. ¡Vale! Reconozco que a lo mejor no fue buena idea montar centrales nucleares en un país con riesgos sísmicos como Japón: lo que hay que hacer es ponerlas en territorios seguros: libres de catástrofes y revueltas: traigámoslas entonces todas para España, que es un territorio que reúne ambas características y ganemos dinero con esa ventaja. De hecho, está en el Génesis, cuando Dios creó el mundo, el tercer día, "separó las aguas y las tierras, y sobre una parte de estas tierras creó un país, libre de cataclismos y conflictos, dónde nunca pasaría nada: a este país Dios lo llamó España: y vio Dios que era bueno". Dos días después creó al hombre y lo nombró administrador de todo lo que había creado. Se llamara Adán o no, lo cierto es que Dios, en primer lugar, hizo que fuera madrileño.


           5.- A más, a más, la ventaja de traer todas las nucleares del mundo mundial a España es doble: se produce una sinergia con nuestra tradicional industria: el turismo, en su rama de "sol y playa". Así se consiguen cuatro cosas: los extranjeros que nos visitan pueden, primeramente, "tostarse" los días que no haga sol, con otras radiaciones. En segundo lugar pueden acelerar el proceso de bronceado con una doble sesión de rayos. También se pueden habilitar zonas, hasta ahora inexploradas para el turismo, como la meseta, ofreciendo resultados asombrosos en un par de días. Y por último se puede aliviar la factura sanitaria que suponen los jubilados europeos que vienen a residir a nuestras costas, mediante la aplicación de radioterapia preventiva. Ese ahorro por cierto es doble, en el corto plazo suple el tratamiento convencional y, más a largo, suple cualquier tratamiento.


          6.- Por último y no menos importante, creo que debemos impulsar la energía nuclear porque es la energía del capitalismo(*): sus radiaciones no se ven, no se huelen, no causan humo: matan a mucha gente de forma limpia y silenciosa, sin distinguir entre hombres, mujeres y niños... exactamente igual que nuestro sistema económico. Bueno, no exactamente, el capitalismo se centra más en la aniquilación de mujeres y niños.


J.R.R.


(*) privado o de Estado.

sábado, 5 de marzo de 2011

Sopa de Ganso

          Comparto la opinión del Partido Popular respecto de las últimas políticas gubernamentales de ahorro(*): son políticas marxistas. Lo que no alcanzo a ver es exactamente a que rama pertenecen: no creo que sean “grouchistas” porque no me parece que tengan la altura intelectual de esa escuela, tampoco creo que vengan de “Chico”, las veo faltas de picardía... ¡Ah! ¡Ya sé!, sin duda vienen de la escuela de Zeppo, el más ignorado de los hermanos: el galán insulso que, precisamente, comparte inicial artística con nuestro gran líder: la Z. Incluso el nombre de la corriente suena bien: zepporra... ¡Hasta el mismo Rubalcaba la suscribiría!

           En España todas las políticas serias se improvisan: la política económica, la social, la educativa... La energética no podía ser menos. Por el contrario las políticas “menos serias” se meditan y meditan: las corridas de toros, las selecciones nacionales, el fumeteo, los preámbulos de las normas... Es nuestro carácter nacional.


           ZP ha sido un gran administrador de la herencia de la “aznaridad”(**): un modelo económico, político, social, energético insostenible, que él se ha encargado de cuidar y amamantar hasta que ha explotado. Todavía recuerdo los debates de la primera legislatura en la que los diputados, un poco más a la izquierda de Zapatero, le conminaban a que eligiera entre AVE y mercancías o entre AVE y cercanías. La respuesta era siempre la misma: “Ustedes son mezquinos, nuestro Gobierno quiere las dos cosas, es ambicioso en las infraestructuras: queremos AVE, cercanías, autovías, aeropuertos, puertos...”. Mientras, el españolito de pie, aplaudía con las orejas. Era la época que yo denomino del “tutto bonito” cuyo espíritu corrompió hasta a mi familia más cercana. Pocos (Iñaki, tan autocomplaciente, diría que nadie) dijimos que ese “querer todo” era falta de criterio y exceso de conservadurismo: la falta de criterio de los niños malcriados que van al kiosko a comprar todo tipo de chuches sin renunciar a nada, el conservadurismo de esos mismos niños que creen que el bolsillo de su padre es infinito y eterno... ¡En fin, de esos polvos, estos lodos!



            Tienes razón, Cospe: son políticas marxistas... Lo que no tengo claro es si al menos sirven para algo, o si sería mejor optar por otras que también son marxistas: de la escuela de Harpo, claro está(***).



(*) Dejo al margen el sistema de “factoring inverso” de la factura eléctrica de los Entes Locales, que, viniendo de quién viene, hay que mirar con lupa, por los “lobbies” a los que siempre favorece el miembro más peligroso del Gobierno.

(**) Es la tesis que sostiene Juan Francisco Martín Seco en su artículo “La economía española en el laberinto” (Le Monde Diplomatique, febrero, 2011): “el nuevo Gobierno no sólo no denunció los fallos existentes en el modelo seguido, sino que incluso asumió la misma política económica que hasta ese momento había realizado el PP. De modo que, en la actualidad, aparece ante la opinión pública como el único culpable de las dificultades económicas, mientras que el PP se permite comparar la dramática situación presente, con su etapa de bonanza”,

(***) Que es la del PP en asuntos energéticos: el silencio absoluto, sólo roto con los “bocinazos” de la energía nuclear, la más cara, peligrosa y antirrentable de todas. La pena es que la bocina se ha convertido en el “canto de sirena” con el que ha llevado a las rocas del acantilado al PSOE y a los sindicatos.