“Un
español es un italiano lento”, he comentado varias veces
en este blog(*). Siguiendo esa regla de tres un asturiano es un
español lentísssssimo. Sólo así se concibe que haya sido
necesario que les gobierne un tiempo un individuo inútil, borracho y
pendenciero, para darse cuenta de que, quizá, no era la mejor opción
para dirigir el Principado.
En
general la gente es lenta para ver las cosas, es miope, necesita
tenerlas delante de las narices para darse cuenta del peligro...
¡Cuándo ya es demasiado tarde! O piensan que no va con ellos (hasta
que va) o creen en los reyes magos, la magia o el ratoncito pérez...
finalmente están los que creen que es la mamá cabritilla la que
enseña la patita, cuando en realidad es el lobo que ni siquiera se
ha preocupado en blanquearla con harina.
Sólo
así se explica que muchos de los que hoy echan la trapa de su
negocio o engrosan la lista del paro en ciudades como León, Ávila,
Ciudad Real, Huesca o Toledo eran de los que más se reían cuando a
los funcionarios nos rebajaron el sueldo. Y en ese momento llegó la
crisis para ellos que vivían, precisamente, del consumo de los
funcionarios...¡Cachis diez! No lo vieron venir... Pensaban que su
garbanzo aumentaría por recortar impuestos y presupuesto.
Sólo
así se explica que los parados aplaudan (de forma encubierta) una
reforma laboral que creen que les dará empleo, en vez de abaratar el
sueldo y derechos de todos los demás. Ellos, además, privados de la
“mochila” de la prestación por desempleo acumulada
serán dejados de lado por gobiernos y empresarios... ¡Pobrecitos!
Aún creen en los reyes magos, o en la magia de “jolivuz”
según se mire.
Sólo
así se explica que muchos autónomos aplaudan también, estos hasta
con las orejas, la reforma laboral. Ignoran lo que Marx
predijo hace tiempo: las crisis convierten al pequeño burgués en
proletario, que es como decir que trasmutarán al autónomo en
obrero. Tiempo al tiempo: cerrarán el negocio y, con suerte, los
autónomos de hoy continuarán trabajando de reponedores en el
Mercadona... ¡Ilusos! Creían que los Rosell, Domínguez,
Ros, Arturo y similares eran su mamá cabritilla y, en realidad,
eran el lobo que se los ha merendado sin contemplaciones. Esto pasa
por tener mal identificado al enemigo... Ellos pensando que eran los
sindicatos y ¡ya ves!...
Sólo
así se explica que los cuatro curritos que quedan en este país y
que trabajan para sostener a ellos, a su familia, a los parados de su
familia y sobretodo a su “querido patrón”, anden
dando las gracias continuamente a los empresarios esclavistas que
cada día les ofrecen trabajar más por menos dinero...”más
por menos”... De ahí debió de sacar Esperanza el
lema para el metro. ¡Cobardes! Al final, el pago del salario será
algo opcional: deberéis trabajar por la comida y si no... ¡ya
sabes! ¡hay muchos deseando tu plaza!
En
fin, mucha, demasiada sociedad civil por hacer y concienciar...
Podemos empezar llevando a nuestros conciudadanos al oculista. ¡Y al
Gobierno, al pilón!
(*)
Mi hijo, tras conocer Italia apuesta por la versión contraria: según
él “Italia es la versión beta de lo que es un país, la versión
que nunca debió salir al mercado”.