Libertad individual dentro de una sociedad organizada:
También he visto en los comentarios que el grado de solidaridad depende de lo que cada uno esté dispuesto a dar "sin recibir nada a cambio". Otro error de concepto, derivado de confundir solidaridad, o más precisamente redistribución, equidad, o simplemente justicia (que es como lo llamamos en clase) con caridad o beneficencia. Yo puedo decidir dar o no a ese pobre limosna, e, incluso, si me parece, darle un "bocata de choppeeeer" en lugar de dinero(*); pero lo que no es discrecional es el grado de redistribución de mi riqueza que debo tener con los demás en una sociedad: este me viene impuesto. Y si no, echemos un vistazo al artículo 31 de la Constitución: Sus primeras palabras son un mandato a los españoles: "Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica...".
¿Y quién fija ese grado de reparto de mis riquezas? Nosotros, naturalmente: Recuerdo que hace unos años acudió a un foro de "expertos" el profesor "neocon" Lagares. Trataba de explicar cómo las sociedades prósperas eran aquellas que habían bajado sus impuestos y disminuido el tamaño del Sector Público; aportó datos y puso, como ejemplo de crecimiento a....¡Irlanda! naturalmente.
En el debate posterior le planteé que el tamaño del sector público, el nivel de impuestos, en qué gastar los dineros del Estado, es algo que no compete decirlo al experto, al catedrático o al gurú de turno: es algo que tenemos que decidir los ciudadanos: los ciudadanos decidiremos cuál es el grado de intervención pública que queremos, qué cosas queremos tener gratis y qué no... sin necesidad de aguafiestas: si queremos suicidarnos es nuestra decisión. Para más "inri" resulta que en los casos históricos en los que las decisiones se han tomado así, y no por expertos ni por dictadores, las cosas han salido bordadas, en lo económico y en lo no económico: si preguntáramos a las madres de los futuros soldados si hay que hacer una guerra, hace tiempo que se habrían acabado todas.
Esa es precisamente la idea fundamental de mi curso de Hacienda Pública: conseguir meter en la cabeza de los alumnos que "seremos y haremos lo que nosotros queramos ser y hacer" en materia económica, en política, en lo social... en todo: eso precisamente es democracia y no (sólo) ir a votar cada cuatro años(**).
¿Y que pasa si un ciudadano no está de acuerdo con las preferencias de reparto que ha establecido la sociedad? "Ajo y agua" Y si decide salirse del juego, que sepa que se coloca "fuera de la ley" y que, como comenté en el post anterior, será perseguido como un forajido, por gente como yo, reclutada para ese trabajo, el peor reconocido del mundo. Y si nos sisa un poco (y le pillamos) se irá con la cartera más vacía (la cuota, los intereses y una sanción), pero si nos roba mucho... pues se irá a la cárcel, según estipula nuestro Código Penal (y el de Francia, y las leyes de Estados Unidos...).
¡Ah! y no vale decir, pero "moralmente" mi conducta es irreprochable: ¡No señor! Tu conducta es tan obscena como la de cualquier otro sujeto antisocial: la sociedad ha decidido cuál es el grado de reparto de la riqueza y colaboración que queremos: los demás seres que te rodean están siendo estafados con tu conducta, porque tú, al parecer, te crees que vales más que los demás. La opinión mayoritaria no te vale (aunque te digas demócrata).
En definitiva, lo mismo que los chicos en el recreo: ¡Si no me hacen capitán del equipo, no juego! ¡Si eso no es penalti ,me voy! Eso incluso aunque seas tú el que traigas la pelota.
(*) De ahí la anécdota que se atribuye a Russell cuando se negó a dar limosna a un mendigo alegando "Señor, yo soy socialista y los socialistas no damos limosnas".
(**) Algo que en Túnez venían haciendo durante décadas.