"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

Mostrando entradas con la etiqueta capitalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta capitalismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de septiembre de 2012

25-S


     
    “Escuchad otra parábola. Era un capitalista que usurpó unas tierras, plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; contrató a unos obreros y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los trabajadores para recibir sus frutos. Pero los trabajadores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos, estos llamados políticos, en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente marchó a la viña con su hijo , diciendo: “A mí y a mi hijo nos respetarán.” Pero los obreros, al ver al capitalista y a su hijo, se dijeron entre sí: "Este es el hombre hecho a sí mismo y su heredero. Es un gran hombre y todo lo que tiene lo ha ganado honradamente a costa de nuestra plusvalía. No es justo que le maltratemos y mucho menos quedarnos con su herencia, pues, al igual que la propiedad privada, es un derecho inalienable".Y, pasando de ellos, siguieron machacando a los siervos y lacayos políticos. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, con sus perros guardianes, llamados policía, qué hará con aquellos trabajadores? Dícenle: "A esos miserables les dará una muerte miserable, empleará en la viña a otros trabajadores, que le paguen los frutos a su tiempo y repondrá a los lacayos llamados políticos con otros aún peores". Y el Maestro les dice: "No habéis leído nunca un solo libro. La clase que los capitalistas desecharon, la clase obrera, algún día, en piedra angular se convertirá; será la conciencia de clase quien hará esto y es maravilloso a nuestros ojos. Por eso os digo: Se os quitará el mundo futuro para dárselo a una clase que sea consciente de quiénes son sus explotadores y los aniquile". Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.

viernes, 18 de marzo de 2011

SMS

          La realidad imita (y supera) al arte: el sms que trascribo es REAL y lo recibí anteayer en mi móvil(*) y no creo que sea el único destinatario:



          "novedad: NOVEDADES. Sigue las ultimas noticias sobre la crisis nuclear en Japon. Pincha aqui si tienes un iPhone o un Android http://m.orange.es/tv/canales/24h/index.html y si tienes otro tipo de terminal pincha aqui http://wap.orange.es/orange-pwp/tve24h/index.php y matente (sic) informado"



           ¿Quién dijo que el capitalismo no sabe explotar las oportunidades de negocio?



            Ahora que van a comenzar los fuegos artificiales sobre Trípoli, ésos que va a retransmitir en exclusiva la CNN, me imagino que recibiré otro sms de un tenor parecido, junto con los que ya habitualmente recibo para seguir el derbi madrileño, el último "hit" de Chenoa, o los nuevos capítulos de "el barco".



          Voy a llamar a Orange a ver si regalan camisetas, o si sortean entradas para ver en directo los eventos. Y si no las sortean que me digan dónde puedo comprarlas: Pero que luego no suspendan la función ¿eh? Y, si lo hacen, que me devuelvan el dinero.





(*) Por supuesto, sin un puto acento. Luego dicen que los alumnos de hoy en día cometen muchas faltas de ortografía: a quiénes hay que "devolver a primaria" es a las multinacionales.

viernes, 18 de febrero de 2011

Génesis



         Comenta un habitual, Runner, el desacierto de considerar como ejemplos de empresarios "sinvergüenzas" a Jobs o Gates. Para ello deberíamos dejar a un lado aspectos como la imposibilidad de cambiar la batería de un ipod sin tirar todo el cacharro, la incapacidad de meter un programa libremente en un iphone la "obsolescencia programada" de las versiones anteriores del sistema operativo windows, los contratos con proveedores de hardware para que no revelen sus especificaciones a los programadores de código libre... sin olvidar el cambio de propiedad por el derecho a una cesión de uso que hace que todo lo que llevas encima (tarjetas de crédito, móvil, DNI...) no sea tuyo sino de otro; prácticas todas ellas que justificarían el término de "sinvergüenzas" como un sucedáneo del de "delincuentes". Pero de todas formas mi interés en este post es otro:



          Si pusiéramos un "pastómetro" (un medidor de la guita que entra en el bolsillo de estos dos elementos, algo parecido al contador del gas), veríamos que las entradas no son regulares: al principio, cuando lo del garaje y todo ese cuento ("vidas de santos"); es decir cuando se encontraban en la etapa que Marx llamaría de "pioneros del capitalismo" (pioneros en el sentido de David Crockett, o, lo que es lo mismo, cuando eran "tramperos del capitalismo") la entrada sería más pequeña, aunque suficiente para constituir ese capitalito inicial con el que el capitalista se lanza (a cuerpo o acorazado tras la forma de corporación) al mercado. Y, a partir de ahí, ese capitalito "eclosiona" y va creciendo más y más, exponencialmente, de tal forma que, si nos damos cuenta, sus grandes fortunas no son las ganancias de sus ideas sino el producto de los beneficios obtenidos a partir del capital con el que se les retribuyó esa primera idea. Y esto es importante, porque un árbol no es la semilla (aunque proceda de ella) sino que, de ser algo, será un conjunto de nutrientes y energía que había alrededor de dónde fue plantado y que se han convertido en árbol. Con esta sencilla parábola se comprende que la fortuna de estos tipos (el tronco de su fortuna) no viene de ellos sino de la tierra en la que plantaron su semilla, es decir, de la sociedad. Pero puesto que la disfrutan ellos y no los niños africanos, donde, por cierto, va la mierda que fabrican cuando ya no le sirve al burgués occidental(*) es por lo que la denominación de "sinvergüenzas" es, efectivamente, desacertada: es tremendamente benévola.



            Forcemos más la máquina: imaginemos el caso del pobre obrero que, a base de privaciones, consigue, a lo largo de toda su vida, hacer un pequeño capitalito. Y a partir de ese pequeño capitalito, fruto sin duda de toda una vida de trabajo y abstinencia (por ejemplo limpiando casas y fregando escaleras) le empieza a rentar ("rentuar" que dicen en mi pueblo) un dinerillo. Pues bien, ese dinero es, igualmente innoble, pues teniendo su génesis en un capital conseguido a base de una conducta ejemplar (para unos, para otros simplemente estúpida), se ha generado a partir de un dinero (D), que sólo puede generar más dinero (D') mediante un proceso de explotación sobre otras personas. No hay otro secreto, porque, como veremos en próximos post, el dinero en la cartera "no cría", por si mismo, como sucede con los conejos, más dinero.



            ¿Qué es encomiable la forma en que se gestó el capital inicial?, ¿qué su propietario es ignorante del proceso por el que con ese capital obtiene un beneficio?, ¿qué la sociedad es "asín"? Todo eso no desvirtúa el proceso económico que hay debajo, ni la inmoralidad del sistema: simplemente establece un proceso de responsabilidad colectiva de todos, sí, de todos nosotros, sin excepción:





           ¿Reconocer esto es tener un patológico complejo de culpa por ser, vivir y comportarnos como unos miserables? Hank lo llamaría así, yo prefiero llamarlo remordimiento de conciencia... Otros lo llamarán, simplemente, dolor de los pecados.




(*) Conviene recordar que los chismes tecnológicos se estropean, pero no se desintegran.

lunes, 14 de febrero de 2011

Dead Man walking



        Durante buena parte del siglo pasado la gente solía fallecer "de muerte natural": ésta era una categoría que no se tenía en cuenta para la estadística de las patologías o accidentes, de forma que daba la sensación que los verdaderos problemas de mortandad se centraban en los atropellados por carruajes, intoxicados por el brasero, o aplastados por el derrumbe de algún edificio tras una explosión de gas. Hoy, por supuesto, nadie muere "de muerte natural", sea joven o anciano: uno "palma" por una insuficiencia renal o respiratoria, por un paro cardiaco, por un derrame cerebral, etcétera, etcétera, etcétera. 



         El sistema económico que más muertos ha causado a lo largo de su existencia es, de lejos, el sistema capitalista, pero, al igual que con la "muerte natural" sus víctimas no se computan, o, si se hace se atribuyen a "causas naturales", pues es natural que el sistema capitalista destruya la tierra y todo lo que en ella habita: hasta se justifica en aras del progreso y del bienestar de ¿la mayoría? de las personas. Son, además, víctimas dispersas por las partes más pobres del planeta, dejadas morir de hambre, por guerras o por catástrofes evitables: un método más barato y discreto que el fusilamiento. 



           Para el resto de las "patologías" sí se lleva por cuenta el número de muertos, tanto si esos otros sistemas eran realmente distintos del capitalismo, o si, simplemente, se trataba de aberraciones de dictadorzuelos alumbrados(*). También en esto hay una mayoría silenciosa: una mayoría de muertos silenciosa, que saben quién los ha matado, pero que no pueden denunciarlo, entre otras cosas, porque están muertos. Y los verdugos los tenemos ahí, muertos por dentro y a la vez vivientes por fuera: dirigiendo nuestros Gobiernos y Empresas. Y ¡Ay! a lo mejor nosotros, los opulentos ciudadanos de Occidente, nos hemos convertido en "zombies" como ellos.






(*) Hobsbawm, en su excelente "Historia del siglo XX" nos recuerda que el Gobierno Norteamericano tardó más de una década en "decidir" si el Régimen Cubano era o no era "comunista". No debía estar muy claro, o quizá les faltaba algún mecanismo jurídico, como la Ley de Partidos, para decidirlo instantaneamente.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Matarile, rile, rile


            El sistema educativo remunera, mediante el expediente académico, al alumno más aplicado, no al más inteligente. Eso es algo de lo que tenía la sospecha en mis tiempos de estudiante y que ahora he confirmado desde mi experiencia de profesor universitario a tiempo parcial. De ahí que los tenedores de los mejores expedientes, esto es,  los alumnos más aplicados pero no necesariamente  los más inteligentes, se queden en la Universidad, y que cueste tanto no sólo mejorar la calidad de la enseñanza, sino también, o sobretodo,  la investigación, donde se precisa no sólo trabajo, constancia y disciplina, sino también ingenio, creatividad, inconformismo y talento.

            Otro tanto sucede en el ámbito económico: el dinero no remunera el trabajo, dedicación, esfuerzo, inteligencia... sino que lo que remunera es, además del capital previo(*),  la falta de escrúpulos. De ahí que sólo pueda hacerse rico el que carece de ética y que el capital se acumule para su uso productivo o improductivo en las manos de los más sinvergüenzas de la sociedad.

             Si éstas son las dos llaves para dirigir la sociedad, dinero y conocimiento, salta a la vista que las sociedades capitalistas están dirigidas por un conjunto de individuos poco recomendables. Y con esta materia prima no debe sorprendernos hacia dónde nos dirigimos: ¡Tierra a la vista!


(*) Dinero llama a dinero.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Boxing Day



         El pensamiento lineal del capitalismo ha impuesto una forma de pensar entre el “ganao”, que, aparte de curiosa, es divertida: si cambiamos una cosa por otra, la segunda tiene que ser mejor (obviamente) y mejor “en todo” (¡ja, ja, ja!).



          En los anuncios se nos mete por los ojos este “conceto” a todas horas, que choca una y otra vez con la realidad: en el mundo “de verdad” una cosa es mejor que otra en algunos aspectos, igual en otros y peor en otros más, pero lo que cuenta en un cambio es que “en conjunto” la cosa nueva “es mejor” que la anterior, aunque en algunos aspectos hayamos perdido respecto a lo que teníamos.



           El asunto no es baladí pues no sólo implica una mentalidad “multidimensional”, más rica de la que el actual “sistema económico-político-militar” se puede permitir, sino que, de hecho, supone un factor de inmovilismo que si bien en todas partes es malo, en nuestro país es, además, de “juzgado de guardia”: ante cualquier cambio, el conservador/inmovilista disecciona lo nuevo hasta encontrar un aspecto en el que lo antiguo era mejor y, a partir de su descubrimiento desacredita “en globo” la mejora. Y así seguimos aquí como en tiempos de la Reconquista. 



            Algún lector, de la rama “buenista”, “bambi” o “disney”, sea progresista o conservador, me contestará diciendo que se coja lo mejor de lo antiguo y de lo nuevo: el problema es que el “pack”, como el “güindos siete”, es indivisible...



             ¡Pobres conservadores! En sus vidas privadas no actúan igual: “los más ligeros de cascos” cambian una por otra continuamente: siempre buscando la que está más buena, aunque la anterior sabía cocinar, la otra fregar y la de más allá lavar y planchar y “la de ahora” no sabe hacer “la o con un canuto”... En fin, ¡miserias de la burguesía! Y, mientras tanto, ¡A abrir los regalos!

domingo, 19 de diciembre de 2010

X Factor



          Se atribuye a Edison la frase de que un genio de compone “de un 1% de inspiración y un 99% de transpiración”. Difícilmente de un personaje tan “rata”(*) se puede esperar que nos diera “de gratis” la fórmula completa: de hecho a la fórmula la falta añadir “unas gotas de excentricidad” o si se quiere llamar así “de locura”.


           Y son esas gotas de locura las que sirven para que la sociedad, el “saber convencional” como lo denomina Vicenç Navarro, pueda desacrecitar, zaherir y humillar al genio inconveniente hasta hacerlo desaparecer del “candelabro/candelero” de la excelencia del conocimiento burgués actual.


           ¿Quieren ejemplos? Uno muy cercano y ¡ay! sólo para iniciados: Miren a los hermanos Sevilla y, conociendo la fórmula, díganme quién es el genio y quién el payaso.



(*)Con tropecientas mil patentes registradas, con la fundación de la multinacional General Electric (esa que, actualmente fabrica sus bombillas, bastante malas por cierto, en Hungría, con esa ge y esa e tan barrocas), podrido de dinero como resultado de sus invenciones... no podía entender como su coétaneo, Roentgen, donara a la Humanidad su invento, los rayos X, sin cobrar nada a cambio.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Er derbi

         Las dos ideas sobre los que se asienta el análisis económico de Marx, son, por un lado afirmar que la tasa de ganancia del capital es decreciente y por el otro señalar la acumulación creciente del capital (*). Son las dos caras de una misma moneda puesto que, si la tasa de ganancia del capital es decreciente sólo queda “estrujar” más al trabajador, apropiándose de mayor cantidad de plusvalía, o bien aumentar la cantidad de capital para que, aunque porcentualmente la ganancia sea menor, en términos absolutos se mantenga. 

         A lo largo de la Historia el capital siempre ha utilizado las dos, pero lo cierto es que el capital se acumula cada vez más “en mayores dosis y en menos manos”.
          Dentro de un par de horas se reeditará la versión del “partido del siglo” que se repite dos veces al año. El mogollón de puntos que separa a los dos primeros clasificados del resto de la tabla parece suficiente demostración de que el capital se concentra en cada vez menos manos(**), dejando sin opciones (más que las de cerrar e incorporarse al mundo del proletariado) al resto de los equipos...
          Y eso porque el fútbol es un juego en el que se precisan dos escuadras: si no fuera así con un sólo equipo de “elite” tendríamos suficiente: ¿Madrid o Barça?

          (*) Es la opinión de todos los economistas clásicos, Marx lo que hace es “ponerla en valor”, una forma fina de llamar al “plagio descarado”.
          (**) Si se mira la serie histórica de trofeos ganados, los resultados están todavía más claros.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Sesame Street episode 4

          1.152 u.m. al día son 3.456 u.m. en tres días, lo que le permite al capitalista abrir otra fábrica de botijos, que le cuesta 2.808 u.m. (1.000 del horno, 1.000 del torno, 800 del barro (40 por 20 botijos), 8 para otro obrero). A partir de entonces ya gana 2.304 u.m. al día y en dos días podrá abrir otra fábrica y, a partir de entonces podrá cada día abrir una por lo menos (seguirá más bien una progresión geométrica).

          En menos de un año tendrá el monopolio del mercado de botijos: podrá vender un tiempo más barato para hundir la competencia, podrá también comprar mejores máquinas si así lo desea, inalcanzables para el resto de los competidores, especialmente para los alfareros artesanos que todavía subsistían. Podrá también, si lo desea, tener una hija tonta, como la Hilton que se gaste toda la plusvalía obtenida en gilipolleces, pero eso, queridísimo Runner, no hará que los obreros mejoren su situación: simplemente pasaran a ser los esclavos de las empresas de la competencia. Lo normal, será, con todo, que el capitalista destine parte de los beneficios a su consumo personal (yate, Bulli, Presidencia de un club de fútbol...) sobretodo del ostentoso: después de todo el consumo suntuario es el “gasto de representación” del capital (la austeridad es para el obrero). Otra parte la destinará a aumentar el capital abriendo nuevas fábricas y comprando nuevas materias y obreros.

           Y a partir de aquí se acaba la serie... 

          No hay preguntas, cada uno que opine lo que quiera, vea la justicia de la distribución de los beneficios de la producción y la igualdad de oportunidades entre los que tienen medios de producción y los que no. Y el que quiera que se consuele diciendo que es inevitable y que cualquier alternativa es peor... Y luego que duerma tranquilo.



           P.D.: por cierto a este capitalista que empleaba niños con jornadas de 20 horas de trabajo diario a cambio de un plato de gachas, un día, caminando por un oscuro callejón londinense, alguien, no se sabe quién, le arreó una buena colleja en la cocorota. ¡Un acto de violencia intolerable! dijo la prensa. Pero eso es otra historia...

jueves, 15 de julio de 2010

Sesame Street episode 3

          Un botijo vendido es para el capitalista 40 u.m. de beneficio. Pero a este obrero se le puede meter más caña: puede hacer un botijo cada hora y el capitalista ha alquilado al obrero por un día, un día tiene 24 horas y puede hacer 24 botijos. 

           Si el obrero no duerme se muere, pero si duerme cuatro horas al día ya no se muere, aunque se destruyan las células grises de su cerebro: pues eso es lo que tiene que hacer: tenerle 20 horas trabajando a cambio de 8 u.m. para que haga 20 botijos: esto son 2.000 u.m. de ingresos a los que hay que descontar 1.000 u.m. del barro (50 por 20), 40 u.m. de amortización del horno y el torno y 8 u.m. De salario del obrero: en total el capitalista gana 952 u.m. en un día frente a las 40 u.m. que ganaba en los albores del capitalismo. Sus ganancias se han multiplicado más de veinte veces. 

         El obrero sigue ganando lo mismo, a pesar de que la producción ha aumentado veinte veces. Su salud está bastante más deteriorada porque antes trabajaba una hora, estaba tumbado 23 y comía un plato de gachas. Ahora por el mismo plato de gachas trabaja 20 horas, duerme en un jergón en una esquina de la fábrica y respira todo el día los vapores del barro al secarse, aguantando temperaturas en el taller de unos 40 grados centígrados. Esto supone un desgaste físico tan grande que sólo se puede soportar, sin quedar inválido durante cuatro o cinco años, partiendo de las condiciones físicas óptimas: las de un niño de catorce años (come menos que un adulto y es más adaptable).

         Preguntas del capítulo, todas recurrentes:

         1.- ¿De donde procede el aumento extraordinario del beneficio del capitalista?
         2.- ¿Puede el obrero salir de su condición?

            Si hemos comprendido que el beneficio del capitalista sale de la salud del obrero que produce sus 8 u.m. de gachas y las 952 u.m. del beneficio del capitalista ya sabemos qué es lo que técnicamente se conoce como plusvalía (¡anda! ¡a lo mejor existe y no un invento de los marxistas!).

viernes, 2 de julio de 2010

Sesame Street episode 2

          Los obreros al ver la explotación (¿qué pasa con esta palabrita?¿por qué no gusta?¿es demasiado realista?) de este capitalista deciden ir al prestamista a pedir dinero para ponerse ellos mismos como “autónomos”. Pero nadie presta dinero si puede obtener mayor rentabilidad de otra manera: el prestamista les prestará el dinero necesario para el negocio pero siempre que paguen intereses por importe de 40 u.m. En otro caso el prestamista pondrá el mismo el negocio como hizo el capitalista pionero y obtendrá esa rentabilidad por capital invertido. Los obreros, para su desesperación, echan cuentas y ven que no hay mejora entre escoger las 8 u.m. de salario o poner un negocio en el que las 100 u.m. de la venta del botijo hay que descontar 50 de barro, guardar 2 u.m. Para la reposición del horno y el torno y pagar 40 u.m. al prestamista. También le quedan 8 u.m. lo justito para cenar y volver al día siguiente al taller. Y así, entrampado de por vida, sin poder salir de su condición de proletario; cuando disminuyan sus fuerzas o el capitalista encuentre otro más austero, que “gaste menos” en vivir (que cene con agua en vez de con vino), lo sustituirá por otro y listo: ¡Hay tantos dónde elegir!

         Preguntas para este segundo capítulo:

         1.- ¿Puede el obrero salir de su mísera condición gracias al sistema de crédito?
         2.- ¿Puede el obrero ahorrar para acabar comprando su propio taller?(*)

          3.- ¿El beneficio del prestamista procede de algún otro sitio que no sea del trabajo de alfarería?

           Si hemos comprendido que el obrero no puede escapar de su condición y que todos se aprovechan del valor que sólo él crea, podemos pasar al siguiente capítulo.

        (*) Un plato de gachas son 8 u.m. Dejando de comer un día a la semana, en cinco años podrá ahorrar 2.050 u.m. Para poder poner su negocio: pero ¡ay!, no podrá cambiar de ropa, casarse, tener hijos, ni enfermar. Pero hay premio: el que lo consiga será puesto como prueba de que el sistema de movilidad social funciona.

jueves, 1 de julio de 2010

Sesame Street episode 1

    ¡Ostras lo que habéis desbarrado mientras estaba de vacaciones! Hay que volver con algunas lecciones tipo Barrio Sésamo:

         Un alfarero compra barro por 50 u.m. Un torno por 1.000 u.m. Y un horno por otras 1.000 u.m. El torno y el horno “dan para hacer” mil botijos, cada botijo lleva 50 u.m. de barro. El alfarero fabrica un botijo cuyo coste es 52 u.m. (50 del barro y 1+1 del desgaste del horno y del torno): lo vende por 100 u.m. Una vez que compra otra vez el barro para hacer otro botijo y guarda en la hucha 2 u.m. para tener con qué reponer en su día horno y torno, come y vive con las 48 u.m. restantes, de beneficio. Todos mis lectores dirán que ese beneficio, no hay duda, procede del trabajo del alfarero.
          Uno que pasa por ahí, con dinero y más bien vaguete, viendo lo rentable que es fabricar botijos compra el barro, el horno y el torno y contrata al alfarero para que haga el botijo. En este mundo feudal en el que vivimos para que el alfarero quiera trabajar para el capitalista le tendrá que pagar, como mínimo lo que ganaría si el taller fuera suyo: 48 u.m. Esto supondría que al capitalista no le quedaría beneficio alguno, pues con los 100 u.m. que saca de la venta del botijo le da justo para pagar el barro (50 u.m.) ahorrar para la reposición del torno (1 u.m.) y del horno (1 u.m.) y pagar al obrero (48 u.m.): en estas condiciones el capitalismo no puede prosperar.
          Supongamos ahora que hemos echado del campo a un montón de personas que antes subsistían de la agricultura mediante, por ejemplo, una ley que obliga a cercar las fincas si no quieren perderlas, operación de cercado que es muy cara. Sea como sea, tenemos un montón de gente sin medios de subsistencia y que tiene que vivir de algo. Ahora la situación del capitalista ha cambiado porque ya no necesita pagar 48 u.m. a un obrero por hacer de alfarero: le basta con pagarle lo justo para que pueda comer y volver a trabajar al día siguiente, pongamos 8 u.m. Ahora las cuentas del capitalista ya cuadran: vende el botijo por 100, paga 50 por el barro, guarda 2 u.m. Para reponer en el futuro horno y torno, paga al obrero 8 y se embolsa 40 de beneficio.
           Pregunta del capítulo: si en el primer caso dijimos que el beneficio procedía del trabajo del alfarero ¿ahora podemos decir que el beneficio procede de otro sitio sólo porque va al bolsillo del capitalista y no al del alfarero?
            Si hemos comprendido que el trabajo es el único elemento que posibilita aumentar el valor de los bienes producidos ya estamos preparados para pasar al siguiente capítulo.