El llamado “mercado de viviendas de
alquiler” parece un paciente de House: se aplican continuamente
tratamientos para su mejora y cada vez lo tenemos peor. Es curiosa la
ensalada progre-liberal de pastillas que se le han arreado al
enfermo, que sigue y seguirá en estado comatoso. Veamos algunas de
ellas:
1.- A ratos se piensa que la solución
es favorecer al inquilino, bien mediante ayudas, bien mediante
desgravaciones fiscales. Dar dinero al “bisho” para que pueda
alquilar una vivienda es lo mismo que metérselo directamente en el
bolsillo del dueño de la vivienda: a continuación sube el alquiler
en el mismo importe que la renta y asunto solucionado: lo hace porque
es un mercado cautivo en el que el arrendador (los pocos que hay por
lo que luego se dirá) pueden aprovecharse de esas ayudas vía
aumento de precios sin problemas. La guinda del pastel lo ponen
medidas como la de la “pija de Gràcia” con sus rentas básicas
de emancipación: se pone dinero en la mochila de los chavales para
que se la entreguen graciosamente al propietario; los que no son tan
jóvenes se quedan sin nada mientras ven cómo el arrendador sube los
precios “para todos”, y alquilan primero a los jóvenes y a los
demás ya se verá. Los demás, como es lógico, se cagan en todos
sus muertos, sean éstos catalanes o andaluces, como recientemente (y
a ratos) se descubrió.
2.- Otras veces (o de forma conjunta)
se cree que hay que “mimar” al dueño: se conceden beneficios
fiscales al arrendador, dejando exentas o cuasiexentas los alquileres
que obtiene. También se piensa que la gente no alquila por miedo al
desguace del piso o al impago de las rentas. Estas medidas son
injustas(*) e ineficaces, como bien se ha visto hasta ahora.
Todo es un problema de diagnóstico:
podemos traer a Taub y todos los demás que forman el equipo médico
habitual para que después de tropecientos errores nos digan algo que
es esencial:
- Que, por la parte del arrendador, dueño, propietario, casero... o cómo se quiera llamar la enfermedad es fácil: pocos de los propietarios de viviendas vacías, quieren, en realidad, alquilar. Compraron sus segundas, terceras... viviendas para especular, como si se tratara de activos financieros, para vender. Están cerradas, esperando un mejor momento (que el político anuncia a cada momento) para vender ganando o sin mucha pérdida, de la misma forma que esperan mis Iberdrolas compradas a nueve euros. Con esta perspectiva por más que se haga no se arrienda.
- Por parte del inquilino, arrendatario, bicho.... o cómo sea sigue primando en España el concepto franquista de que “sólo la propiedad de vuestra vivienda os hará libres”: vivir de alquiler es lo último de la escala social, algo reservado sólo a inmigrantes y marginales. Se prefiere ser propietario de una cabina de teléfonos antes que “vivir de renta” en un piso. Esta mentalidad franquista ha sido aprovechada por igual por tirios (PP) y troyanos (PSOE) y, como Froilán, deja a la sociedad española tullida para siempre. La gente seguirá viviendo en casa de sus padres hasta que éstos le compren un piso, se comprará (poco) en los arrabales o en el rastro de viviendas, y a aguantar hasta que pase el temporal y pueda comprar la vivienda que me merezco, porque “yo lo valgo”.
Con este diagnóstico el tratamiento
es difícil: se puede administrar un “toque de cojones” al
propietario que no alquile, crujiendo a impuestos la vivienda vacía,
amenazando con la expropiación a un euro... a ver si, por obligación
se anima a alquilar. En mi opinión la mejor solución es apostar (o haber
apostado, no sé si ahora tenemos para ello) por la creación de un
parque público de viviendas de alquiler potente (nada marginal) a
precios razonables poseido y gestionado por los Ayuntamientos
(risas). El parque de viviendas públicas español es enano al lado
del de nuestros vecinos del norte, gestionados, en su mayor parte,
precisamente por los ayuntamientos (gestos de seriedad). Se requiere,
además de la pasta, que hoy es lo fundamental, desmontar la
mentalidad franquista dominante en el PPSOE, para evitar que la
vivienda pública se privatice casi inmediatamente otorgando a los
inquilinos ventajosas opciones de compra.
Garantizar el constitucional derecho a
la vivienda mediante la vivienda pública de alquiler es una solución
real si hay voluntad o utópica, si, como hoy, no la hay. Sería sin
duda un avance en el socialismo si empezáramos a eliminar la
propiedad privada en un bien esencial para la vida... Pero nada,
¡vamos a hacer otra biopsia!, ¡A ver si es lupus!
(*) Que los queridos lectores se
indignen cuando sepan que el casero que se forra alquilando viviendas
a chavales con recursos paga cero impuestos porque esas rentas están
exentas al 100% (gracias ZP) y que si las alquila a los demás tiene
exento el 60% de lo que percibe (más gracias ZP, sobretodo a partir
de 2.011, cuando lo subiste del 50 al 60%, a la vez que te cargabas
el cheque-bebé). Recordadlo cuando miréis lo que os retienen en la
nómina o lo que pagáis en el IRPF, ahora que estamos en campaña.