"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

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lunes, 7 de mayo de 2012

Duty free II


            Vamos con la educación y sus dichosas “tasas universitarias” (que, en realidad, son “precios públicos”). En todas las casas decimos a nuestros "guajes" “estudia si quieres ser algo en la vida” y, desde Pinocchio hasta hoy sabemos que el que estudia se hace un hombre de provecho y el que no, acaba de burrito en las minas de sal, explotadas por algún secuaz de la CEOE. El neoliberal ve en este prejuicio “petroleo” para vendernos la idea de que, puesto que el beneficiario de la educación es el alumno, que sea él (o sus papás) los que sufraguen el coste.

        Hagamos de nuevo el análisis que proponía en el capítulo anterior. El primer beneficiario de una persona formada, instruida o “empleable” (el concepto de educación murió con Bolonia) es el empleador: no es lo mismo contar con arados de bueyes que con tractores, ni da igual comprar ábacos que ordenadores. El tipo de empresa, su productividad y la capacidad de competir variará enormemente si sólo tengo disponible mano de obra analfabeta, que si tengo a mi disposición universitarios. En el capitalismo las personas son máquinas, llamadas “task force” o recursos humanos: a mejores máquinas mayor y mejor producción que es de lo que se trata: producir, producir, producir... hasta llenar el mundo de productos que nadie puede comprar.

           El empleador, además, se beneficia de tener esas máquinas humanas “a pie de obra”: si tuviera que ir a buscarlas más lejos, el factor humano le costaría más, perdería tiempo en encontrarlas y cualquier reemplazo sería muy gravoso de la misma forma que cuando se nos estropea el router y hay que mandarlo a reparar a Corea o traer la pieza desde allí (en cualquier caso son seis meses de espera y pagar los portes). 

           El segundo beneficiario es el estudiante, es obvio. Mediante la formación asciende (o ascendía en tiempos más románticos) en la escalera social para ocupar puestos “con mejores vistas”, es decir, sobre las cabezas de otros más tontos (culpa de ellos) o con menos oportunidades (también culpa de ellos). Cuanto más “empleable” sea más dinero ganará y más pronto se desentenderá de que si ha llegado ahí ha sido por el esfuerzo solidario de los demás miembros de la sociedad y creerá que ha sido exclusivamente por méritos propios. Es increíble la cantidad de médicos, Abogados del Estado, Ingenieros, Notarios... que piensan que todo lo que han conseguido se debe sólo a su esfuerzo personal, y creen que, naciendo en Somalia, o en una chabola ocupada por una familia de inmigrantes ilegales, hubieran llegado al mismo sitio dónde están ahora.

          El tercer beneficiario es, efectivamente, la sociedad: para su armónico funcionamiento para rebajar el nivel de ruido y reyertas, así como para evitar las intoxicaciones por gases en las piscinas, se precisa contar con el menor número de “canis” y “chonis” posible: esto es tan importante, se genera un beneficio social de tal orden que los países civilizados han entendido que debe existir unos niveles de educación obligatoria y gratuita, que van desde los dos o tres años que propone "Espeonza Aguirre", hasta los 80 o 90 que serían precisos para desidiotizar a algunos elementos especialmente contumaces. Cuestión distinta y peliaguda es decidir si la educación gratuita además de “deschonificar” tiene que acabar haciendo a “to'quisqui” universitario, entre otras cosas porque no tenemos puestos de trabajo universitarios para todos los españoles. Pero esto es otra cuestión que tendremos que abordar en su momento.

              Llega la hora de pagar por lo que no es gratis. Con lo que hemos visto ¿cómo lo hacemos? Parece sencillo si separamos la educación básica de la “otra”: la primera la pagamos entre todos, cueste lo que cueste (vía impuestos), la segunda... ¡También! Las empresas ganan MÁS teniendo empleados más formados, pues que tributen MÁS por sus beneficios (o que paguen un impuesto especial para contribuir al sistema educativo); los trabajadores con estudios ganan MÁS debido a su formación, pues que tributen MÁS por su retribución (I.R.P.F.(*)). 

          Sólo queda discutir, en este segundo caso, si la financiación la hacemos por un mecanismo de solidaridad intergeneracional o no; me explico: si lo hacemos así, los trabajadores cualificados de hoy pagan, con sus impuestos, la formación de los de mañana, si no aceptamos la solidaridad entre generaciones, prestaremos hoy a los estudiantes el dinero que necesitan para la formación y que tendrán que devolver a la sociedad el día de mañana. Este segundo sistema parece más costoso e ineficiente, pero, visto el aire neoliberal que corre, recomiendo a los lectores que recalifiquen la propina que les dan a sus hijos como préstamo, anoten las cantidades en una libreta y, al cabo de treinta años, les presenten la cuenta con intereses.


(*) Y si, finalmente, se van a trabajar a Alemania y pagan sus impuestos allí, habrá que pasar la cuenta de su formación a Merkel.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Cargar con el bulto


            “Decíamos ayer” (esperemos que no tenga que decir esta frase habiendo pasado lo que pasó Fray Luis de León) que la educación es “tarea de nadie”: pues nada, lo mejor que podemos hacer es dejarla pendiente... Esa es desgraciadamente, la lógica aplicada por el capitalismo en general y por nuestro capitalismo cañí en particular y por las superestructuras políticas (vulgo Gobiernos) que del poder económico en general y del poder económico “escopeteronacional” en concreto, emanan.

          Vamos con el mecanismo de “endosos”: ¡qué lo haga el estado y qué lo haga bien!

                ¡Qué lo haga el estado!: ya estamos socializando las pérdidas y privatizando los beneficios. Una vez que el estado los ha formado, dónde antes el obrero me rendía el 10 por uno, ahora que ya está más adiestrado, me rinde el ciento por uno, si le pongo la máquina adecuada, que ya me jode ya, ahora que tenía pensado pasar un fin de semana loco en el Dorita's Night Club; pero, en fin, todo sea por echar una mano al pobre Mariano... 

              Y puestos a examinar quién se lleva los beneficios tampoco está de más recordar que el trabajador o profesional “formado a cuenta de todos” una vez que se convierte en ingeniero, médico, registrador de la propiedad o controlador de AENA, se olvida de quién le puso ahí, justificándose en que todo se debe a lo listo y esforzado que es, o a las dos o tres tasas que pagaron sus padres, olvidándose de que gente tan lista y esforzada como él nacen todos los días, y a los dos días, desaparecen del mapa, por hambre, guerra o enfermedad, simplemente por no haber nacido en el momento y lugar adecuado.

                 Reconozcamos que, con todo la educación (no sé si “la instrucción pública” de Esperanza tiene el mismo efecto, lo veremos dentro de un rato) produce un efecto benéfico para más gente que para el capitalista, porque de otra forma, ya habría acabado el post, mandándola a tomar por saco. De hecho, la educación, en su concepto más economicista, es un bien que produce grandes externalidades o economías externas positivas: ¡Qué es como el medio ambiente, vamos! Y qué por eso mismo hay que darle “muchos mimines” (aunque no sé si exactamente de los de la Chacón, porque, con unos carros de combate detrás, no me fío, no me fío...). Bueno, por eso y porque la educación, la buena educación es, además, la palanqueta para hacer saltar este sistema: “la combinación del trabajo productivo con la enseñanza desde una edad temprana es uno de los más potentes medios de transformación de la sociedad actual” (K.Marx, crítica al programa de Gotha): Hay, pues que apuntar a la base.

            ¡Qué lo haga bien! Y ¿qué es hacerlo bien? Según los que, a la postre, van a ser los principales beneficiarios de la educación, los capitalistas, bien consiste en educarlos de forma que resulten más productivos, es decir, que sirvan mejor al proceso productivo mediante el cuál, el capitalista obtiene una mayor ganancia.

              Fuera, por lo tanto toda veleidad de estudiar cosas que, en el mejor de los casos “no sirven para nada” y en el peor incluso “hasta pudren las mentes de la sana juventud”. De ahí el salto que la múltiples veces Grande de España, Esperanza Aguirre propone al sustituir educación pública por instrucción pública, ideas que, con esa boquita que dios la ha dado, no se cansa de repetir pero que otros, a la chita callando, practican de igual forma: estos últimos, además de darte por saco, te dedican, al final, una sonrisita. Para ejemplo, basta un botón, digo un Bolonia.

                Desde luego, coincido con la aguerrida Aguirre en que lo mejor es evitar que el Estado eduque “en sus valores” entre otras cosas porque, como no puede ser de otra manera, el Estado educa en los valores que son sus nutrientes: el capitalismo, el individualismo, el consumismo... Como es lógico no va a educar en los valores del socialismo, la revolución, la lucha de clases o la supresión del sistema económico y de la economía del mercado... Nadie es tan tonto de tirar piedras contra su propio tejado. En ese sentido, prefiero dejar al crío en un colegio de curas para que lo adoctrinen en una serie de ideas precapitalistas (aunque acomodaticias con el capitalismo) antes que encargar que lo modelen en una troqueladora del sistema capitalista neoliberal.

               Conviene repasar una serie de textos clásicos, para ver la incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace: Se dice “Educación popular general e igual a cargo del Estado” y todo el mundo aplaude con las orejas. Pero “¿Se cree en la sociedad actual (que es de la que se trata), la educación puede ser igual para todas las clases? ¿O lo que se exige es que también las clases altas sean obligadas por la fuerza a conformarse con la modesta educación que da la escuela pública, la única compatible con la situación económica, no sólo del obrero asalariado, sino también del campesino? ” (K.Marx, ibídem) Al final, ¿qué es lo que tenemos? Un mal sistema público, insuficientemente dotado, del que huye quién pueda y en el que sólo permanece el que no tiene medios para escapar de él o el que, dentro del sistema público recibe lo que Navarro llama “atención preferencial”, con ejemplos tan curiosos como el que los príncipes o las hijas de Zapatero hayan estudiado en la escuela pública o que yo haya tenido que preparar la oposición en la residencia privada “Pío XI” (y a comer en el verano al "yoni"), por no tener credenciales de “atención preferente” para entrar en la residencia pública “César Carlos”, dónde estoy seguro, han pasado la mitad de los altos cargos de la Administración cuyas familias no residían en Madrid.

              Se dice “Asistencia escolar obligatoria para todos. Instrucción gratuita”, pero se quiere decir “que sean “gratuitos” también los centros de instrucción superior, sólo significa, en realidad, que allí a las clases altas se les pagan sus gastos de educación a costa del fondo de los impuestos generales” (K.Marx, ibídem). Desde luego que, en aquellos tiempos, una política de becas era inconcebible pero este párrafo da que pensar, sobretodo a cualquiera que ha pasado por la Universidad y ha visto su “clientela”: ¿educación superior gratuita o educación superior por su coste junto con una política de becas? ¿una política de becas por capacidad económica o por resultados académicos?¿una política de becas o una política de préstamos (recordad lo que decía arriba sobre el médico olvidadizo de cuáles eran sus méritos propios y los de los demás en su formación)? Yo lo dejo ahí, que diría Borja Pérez, encima de la mesa... Porque no recuerdo en el “debate-show-bisnes” ni en ningún momento de la campaña haber oido nada al respecto.

            Insistimos: “Eso de “educación popular a cargo del Estado” es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., y velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, como se hace en los Estados Unidos, y otra cosa, completamente distinta, es nombrar al Estado educador del pueblo! Lejos de esto, lo que hay que hacer es substraer la escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la Iglesia” (Más Marx, ¡es la guerra!). Lo ya dicho cuando hablé de Esperanza, si acaso añadir que, ¡por dios bendito! Que haya recursos cuasiinfinitos para las escuelas públicas: eso elevaŕa el listón de la calidad de la enseñanza en general: de la pública en concreto y de la privada porque, para competir con ella, tendrá que mejorar o desaparecer: nadie querrá pagar por algo peor, siendo además lo mejor “gratis” (bueno, ya sabemos que gratis no hay nada, quería decir pagado por otro). 

                   En la situación actual, el vídeo en el que para perpetuar la división de clases, los hijos de la chacha van a la escuela pública y los de la señora a la privada es, sólo, relativamente cierto: en la escuela pública se forman a los “blue collars” y en la privada a los “white collars”, oficinistas que se creen más de lo que son... A la estirpe de los capitalistas, la educación es como la caza: un entretenimiento y de la misma forma que se jalea a la presa para que pase por el puesto de tiro, se compra un papel de un MBA de Harvard o del IESE y asunto concluido (¿qué te voy a decir que no hayas visto, Hank?)

              ¿y qué decir de la enseñanza “concertada”? Cómo esa externalización de servicios no estaba vigente cuando vivió Marx, es difícil que opinara sobre ello, por lo que tenemos más margen para decir lo que creamos conveniente sin miedo a desviarnos de la ortodoxia y que nos delate ante el Comité Central el compañero de partido (todo esto es broma, Runner, aclaro): en mi opinión hay cosas que es mejor hacer uno por sí mismo: te haces más hombre y dejas de depender de los demás, qué además no sabes nunca qué cojones hacen con el dinero (¡a ver si, al final, los curas van a ser los mercados)... Así que ¡fuera los conciertos!

              En definitiva, que en materia educación, hay que empezar leyendo... Y en este post, de citas hemos estado leyendo un rato.


P.D. Este blog se parece cada vez más al de Antonio, o a la saga de Harry Potter: post cada vez más largos, sesudos, tenebrosos, plomudos... Prometo enmendarme... o eso, o quedarme sin lectores.