"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

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viernes, 25 de noviembre de 2011

Escurrir el bulto

            Alguna vez, cuándo voy de la capital al pueblo y no encuentro mejor combinación, me veo obligado a subirme a un autobús de los que, debajo del cartel de la ruta (Valladolid-Mayorga) se ha añadido “con hijuelas” (una experiencia que cualquier europarlamentario os la puede confirmar). Los civilistas pueden pensar que si te subes al autocar heredas un trocito de unas tierras de la abuela, pero los demás sabemos que el “con hijuelas” quiere decir, que, de tanto en tanto, dejaremos la nacional, cogeremos cualquier carreterucha perdida, llegaremos a un pueblo, volveremos por esa misma carreterucha hasta la nacional y seguiremos viaje. Es una versión todavía más mortificante que el tren “con parada en todas las estaciones, excepto Pitis”, porque al menos en este último caso, viajas siguiendo una línea (más o menos recta) y, además, te libras de ver Pitis, que, dicho sea de paso, no merece la pena visita alguna.
              Esto mismo sucede con los comentarios que hacéis a los posts: “hijuelas” que en el lenguaje fino se llaman “off topics” y que no puedes dejar pasar de largo. Esto pasó en el anterior post, pasa en el presente y, me temo, seguirá en los próximos. En este caso, la parada se llama la “formación de los trabajadores”.
                 Es increible la habilidad que tiene la clase empresarial “para escurrir el bulto”: se quejan  de que los trabajadores sólo saben “pasar la llana” y nada más, como si el obrerito que viene al mundo tuviera que nacer ya enseñado. Entiendo que al señorito le hubiera gustado que el que pasara la llana (porque otra cosa no le va a comprar) fuera un ingeniero espacial, porque así resulta más humillante para él, aunque más divertido para el amo... Pero ¡qué se le va a hacer! Y eso que casi lo conseguisteis a base de “escojonar” sistemas políticos ajenos.
                 Por cierto que, seguramente, si algún motor de vuestras fábricas se “gripa” es porque no ha tenido la delicadeza de engrasarse él solito: ¡Qué mundo más injusto, todos conspirando contra el capital!
           La tarea de formar al personal, es decir, a vuestro personal no es del propio trabajador, ni de su familia, ni de la sociedad, ni del Estado: es vuestra, así que, por favor, sacar la cartera, o, al menos poner algo de vuestra parte y enseñarles algo en las fábricas, o en las obras, o (¡ay!) En la hostelería: en fin dónde lo vais a explotar.
             A estas alturas, a los lectores más pertinaces de este blog, ya los tengo medio convencidos de que el sistema económico está montado en que unos pocos (los que tienen medios de producción) vivan a costa de los demás (los que sólo tienen su fuerza de trabajo) y que, para ello, éstos últimos “se alquilan” por 10, para que el amo, les saque del lomo 100 y quedarse con los 90 restantes. El obrero ya bastante hace, con esos 10: comer, vestir y pagar la hipoteca, es decir,  reproducir su fuerza de trabajo, para que pueda llegar al día siguiente a fichar, sin haber muerto de hambre, sed o frío la noche anterior. En un nuevo salto mortal, el capitalista le pide también que de lo que le paga, destine una cantidad también a formarse, porque claro, si no llega al trabajo sin saber hacer la o con un canuto. O en su defecto que lo paguemos todos, es decir, la masa de obreros que formamos mayoritariamente el país, y, por cierto, los únicos que pagamos impuestos.
               Como el mundo globalizado capitalista (es decir todo el mundo, incluyendo China y la India) está inmerso en ese tormento de Sísifo que consiste en ser cada vez más productivo y, como también saben mis lectores, la productividad (como la libertad según algunos) sólo se alcanza mediante el trabajo, la forma de ser más productivo sólo puede consistir en aumentar la cantidad de producto por obrero, o, en su defecto, retribuirle menos. Y en esa batalla estamos: para conseguir lo primero (que un obrero, por el mismo salario, produzca más) es necesario que cuente con formación y equipo:  es el tan manido ejemplo de, en la empresa de limpieza, sustituir la escoba por el aspirador, y enseñar a la gente a usar el aspirador, enchufarlo a la luz y dar al botón (aquí acaban mis conocimientos pero he oído que también hay que cambiar la bolsa, que algunos en vez de bolsa llevan agua y nosequé de cambiar los filtros ).
           La formación ya hemos visto que, como el medio ambiente, en este país, “no es de nadie”, por lo que poco podemos esperar. El equipo ya sabemos que, en principio, lo tendría que poner el "tío" que pone los medios de producción, pero me da la “impre” de que si escurre el bulto en lo primero. en lo segundo se llamara “andanas”: está más ocupado, sin duda, en repartir un buen dividendo para mantener la cotización, generar confianza en el accionista y ganarse a los mercados financieros.
                Pues si en lo “made in Spain” está cerrado el primer grifo de la productividad, sólo nos queda el segundo: ¡a por los obreros, que ganan mucho! (un ratito de descanso para los funcionarios, que tenemos, como en el nescafé, un sueldo fijo para toda la vida). De esta forma nuestros empresarios, siempre que se pueda, han trasladado sus empresas, a países dónde todavía no se ha abolido la esclavitud y en los que por un cuenco de arroz y rodeados de mierda tóxica, pueden producir lo mismo que aquí, porque, como he comentado anteriormente lo que aquí se producía se hacía con unos medios de producción medievales y con una formación de la edad de piedra. Pero no era suficiente: “el mundo nunca es suficiente” que decía no sé si el malo de una “peli” de James Bond  o los mercados financieros, bajo el supuesto de que sean seres distintos.

                La siguiente fase del plan consiste en “chinificar” a los curritos de aquí: que trabajen por menos, que coman menos (¡qué los veo muy gordos!), que dejen de ir al bar (esa iglesia de los pobres), ir al cine, conectarse a internet...¡a dormir y a currar! Y en lo demás otro tanto: despido libre, para hacerlos dóciles, relajar las condiciones de trabajo ( y qué mejor idea que repartir las competencias de la inspección de trabajo entre todas la comunidades, para que se peleen entre sí y rebajen la seguridad laboral al mínimo)... Y, al final, todos (niños y ancianos inclusive, que estos, como los mantienen otros, pueden pedir menos sueldo) trabajando por un cuenco de arroz (aquí será más bien de "chuches", visto lo que proliferan ese tipo de tiendas), diez días a la semana, entre una humareda de gases y residuos venenosos de los que nadie controla dónde se tiran... Es el futuro, "mon ami", si no les paramos los pies.
              Cuenta Marx que, cuando en los Estados Unidos se abolió la esclavitud, hubo negros que murieron de hambre, porque mientras que con el sistema esclavista el amo les daba comida y techo, después, al que no contrataban, no le daban nada. Enseguida aclara que con eso no quería decir que fuera mejor la esclavitud, simplemente exponía un hecho. Él no pero yo sí: quiero volver a la esclavitud: que me hagas trabajar sí, pero  que me des de comer, y techo, que me cuides bien, me laves y cepilles por las mañanas, te preocupes de que no me pase nada, ni de que no me toque nadie: En fin, Hank, que me trates como a tu Lamborghini.

 P.D. Quedan pendientes dos hijuelas más: la educación (sobre la que seguramente empezaréis ya a comentar) y sobre ese término tan cómico llamado “emprendedores”. A lo mejor me repito, porque ya he perdido la cuenta de lo que he escrito aquí, pero dado que los lectores se renuevan continuamente debido a lo cargante, arrogante y autosuficiente que resulto, es posible que nadie se dé cuenta. Y ya de  puestos, ¡qué cojones! Como dice el crío mío “¡Y si somos los mejores, bueno y qué!”, con chulería: ya están escritos todos: Es que a mí las palabras, escritas o habladas, me salen a chorros: ¡bueno y qué! Con tal de que se me entienda claro y alto... y ¡joder! También tengo buen chorro de voz.

jueves, 10 de junio de 2010

El salario del miedo

          Bajo la idea de que el blog (a diferencia de los mercados) se autorregula, soy reacio a recomentar las aportaciones de los lectores, para que no se convierta esto en “la Noria”, y porque muchas veces las contradicciones en las que incurren en sus planteamientos son tan notorias que cualquiera las puede detectar con la simple lectura del comentario (y no personalizo para evitar nuevas “huelgas de opinión” de quién, por otro lado, esta observación no va con él).

            Pero hay una opinión interesante (y equivocada) de un lector y empresario (rara combinación) que sí merece un comentario, toda vez que, en algún momento, iba a ser objeto de desarrollo en este blog: la pretendida subida de los salarios a lo largo de la historia, “incluso por encima del IPC”, lo que ya da una idea de la confusión entre lo monetario y lo real que tiene el autor.

            Aquí, por cierto, hablaremos de la evolución REAL de las rentas salariales.
          Voy a argumentar en tres órdenes: aplicando el sentido común, describiendo la teoría, y, finalmente, contrastando datos. Empezaré por el primer punto que, por escaso, es normalmente el más difícil de explicar.
           Lo que dicta el sentido común: Antonio, en su recontestación, precisamente aplica este sentido, tan extraño entre los mortales. Dice: “Cuando yo era niño lo típico era que trabajaba el padre y se pagaba la hipoteca y se vivía. Ahora, lo típico es que han de trabajar los dos y a ver si llegamos a fin de mes. Más claro retroceso del poder adquisitivo es difícil de encontrar...” y, efectivamente, “lo clava”; sólo le falta añadir que encima tienen jornadas laborales “por hache o por be” cada vez más largas, que marchan de casa a las siete u ocho de la mañana y que no regresan hasta las nueve de la noche: los más afortunados logran ver cinco o diez minutos a sus hijos. Esto no es una estampa dickensiana, es lo que sucede todos los días en cualquier gran urbe del mundo occidental.
         El club de fans de Abadía Retuerta(*) dirá que en el pecado llevan su penitencia porque si no se les antojara tener de todo y vivir a todo trapo no tendrían que trabajar tanto. Pero lo cierto es que el ser humano siempre aspira a vivir dentro de la sociedad que le rodea, de acuerdo con el desarrollo humano de esa sociedad. Evidentemente si fuera desnudo, viviera en la copa de un árbol y no tuviera necesidad de comunicarse, no necesitaría prácticamente trabajar, pero si quiere formar parte de una Sociedad con un elevado índice de desarrollo humano la cosa cambia. Y, para ello, tienen que trabajar los dos, tragar con jornadas maratonianas, renunciar a tener hijos... pues la alternativa es acabar saliendo en algún capítulo de “Callejeros”. Como en su día comentó el filósofo Santiago Alba Rico, acusar de egoísmo a los matrimonios que no han querido tener hijos o han tenido pocos es de una bajeza moral sin límites (además de cornudos, apaleados).
           Lo que dicta la teoría: el capitalismo, por definición, tiene que conseguir siempre vender más barato, para lo cual no le queda más remedio que producir cada vez más barato (¡Qué bien!, diría Hank). Para producir cada vez más barato no hay más remedio que “abaratar” las “máquinas y los obreros” (para simplificar), que es lo que se emplea en la producción (las mercancías que entran al proceso productivo ya fueron fabricadas antes por máquinas y personas). En ambos casos (“maquinas y obreros”) el abaratamiento se puede hacer o comprándolos más barato o “estrujándolos” más. En concreto y por lo que se refiere a las máquinas, los avances tecnológicos son aliados del capitalismo (pero no en el sentido que piensas con la “chuminez” de tu Ipad) que permite inventar máquinas que producen más unidades por hora, con menor consumo energético, con mayor vida útil...
           Por lo que respecta a las “personas” (sí, sí, los trabajadores también son personas), que además son obreros, la forma de abaratar es también la misma: o consigo que hagan más cosas por unidad de tiempo que las que hacían antes o les pago menos cada día. Y en este dilema estamos, porque un “aumento de productividad”, palabra tan bonitamente empleada por las fuerzas conservadoras (declaradas o vergonzantes como nuestro gobierno) implica NECESARIAMENTE una reducción del precio del trabajo, vulgo “salario”. Otra cosa es que el obrero no lo note, o incluso lo agradezca, porque si le dan un PC y una hoja excel, y si sabe usarla, podrá sumar muchas más cantidades que “a mano” y con menor esfuerzo físico e intelectual. Pero el resultado final es que, recibiendo el mismo sueldo y haciendo ahora muchas más sumas, su retribución por unidad de producto (cada suma) ha bajado: vamos que hace el trabajo que antes hacían dos, por el precio de uno.
            Este ejemplo es especialmente bueno porque permite hacer una disgresión sobre “el aumento de la productividad” tema tan manido. En primer lugar se ve que para que ese fenómeno se produzca se necesita de una combinación de factores humanos y materiales: en primer lugar el capitalista ha tenido que comprar y poner a disposición del obrero un PC, después ha tenido que enseñarle el manejo. Finalmente una vez que ya se desenvuelve con la hoja de cálculo, despedirá al otro empleado que hacía las sumas, pues ya es suficiente con uno.
             Si el capitalista, en lugar de invertir en esos medios, siguiera manteniendo el cálculo de sumas “como siempre” la empresa acabaría cerrando por no poder afrontar la competencia de otras empresas que sí invirtieron en el proceso de modernización tecnológica: como consecuencia los dos obreros al paro. Luego el incremento de productividad es malo para el paro, pero la pérdida de productividad es todavía peor. Así se mueve la clase trabajadora en el capitalismo, siempre debatiéndose entre lo malo y lo peor.
             Existe una última alternativa, que podríamos llamar “a la española”: consiste en seguir con papel y boli haciendo sumas y, ADEMÁS, rebajar el sueldo a los “sumadores” para compensar el mayor coste por unidad (“cada suma”) de esta empresa de cálculo frente a sus competidoras.
           La opción de comprar el PC e instruir al trabajador y la de rebajar el sueldo y seguir “a mano”, son, en realidad equivalentes: en el primer caso el obrero adiestrado produce el doble por el mismo sueldo; en el segundo caso los dos trabajadores producen lo que uno adiestrado y en consecuencia cobran la mitad que antes. Esto se debe a que el tiempo medio empleado por unidad de producto (“suma” en este caso) y lo que el capitalista retribuye (a coste de reproducción de la fuerza laboral, nunca por su valor) es el tiempo medio empleado en una tarea, que, al haber disminuido, se paga menos. Así y sólo así funciona el capitalismo y, como a la vista salta, no hay posibilidad alguna de que las retribuciones a los trabajadores suban “por razón de la mayor productividad”. Es triste pero es así: la culpa es del proceso de producción de bienes y servicios capitalista. “Es el capitalismo, estúpido” habría que decir.
            ¿Por qué, pese a todo, pudieran subir las rentas salariales? Porque el coste de reproducción de la fuerza del trabajo no es el mismo en los trabajadores que sólo sirven para tirar de un carro, que en los que te operan los ojos con cirugía laser: en el primer caso con un poco de alfalfa y orujo está el asunto despachado; en el segundo se necesita más cuidado para que no se estropeen: hay que echarles de comer tortillas deconstruidas o platitos de ibéricos; tendrán que leer el "Marie Claire" y hacer que parezcan más finos e interesantes para que no se depriman y se corten las venas: manicura, depilación integral, "burberrys " y "lacostes", a poder ser con la banderita de España en las costuras de los cuellos y mangas... Además son menos en número, algo ha costado formarles y que ahora se pierdan es como si se muriera “Fifí”. ¡Da una penita!

                Lo que dictan los datos: Bueno, vamos a ver si se cumple la teoría según la cuál las rentas salariales no pueden crecer en el capitalismo, o si lo hacen, nada tiene que ver con la productividad. Si miramos los “Employment outlook” de la OCDE, por ejemplo el de 2.007(**), vemos que en los países de la OCDE los salarios subieron una media anual del 1,8% entre 1.995 y 2.005 y del 0,7% en los cinco últimos años del periodo analizado, muy por debajo de la inflación en esa zona en ese periodo (***).

            Por si los lectores liberales no se han percatado, existe una falsa contraargumentación, articulada por ese gran sabio neoliberal, que en El País del 22 de julio de 2.007, la expone de la siguiente manera: "Si hay un padre que trabaja y gana 2.000 euros y su hijo está en paro, el salario medio en la familia es de 2.000 euros. Si su hijo empieza a trabajar y cobra 1.000 euros, el salario medio pierde una cuarta parte. Por tanto, una bajada en el salario medio es claramente compatible con un aumento de la renta general"(****)

          Pues precisamente eso, Perico: aunque el porcentaje de las rentas salariales aumenta en tu “renta general” también se está produciendo un ajuste a la baja de las rentas salariales por virtud del cuál los nuevos obreros entran “a precios de mercado de la fuerza de trabajo”, es decir, pagados, en el mejor de los casos, como mil euristas: los trabajadores antiguos perviven algo mejor pagados porque, a diferencia del caso de los “fabricantes de sumas” que vimos antes, el empresario no puede bajarles el sueldo: pero sí puede cerrar la empresa y abrir otra y recontratarles a mitad de precio, o puede esperar a que se jubilen y coger a “guajes” a mitad de precio, o esperar a que el Gobierno le facilite el despido de los que tiene... o cualquier cosa, antes de comprar un PC, un excel y darles la formación...
           En cualquier caso, los datos son tozudos: los salarios, aquí y en la China Popular, están ligados en sentido INVERSO (inverso, sí, Hank, inverso) a la productividad mundial (la de todos los países y ramas de actividad): cuánto mayor sea, menos cobraremos los trabajadores; así es de paradójico el sistema económico que defiendes.

(*) El chiste se me ha ocurrido ahora. No sé si me lo ha inspirado su ojo con los problemas reales de la economía o los vapores etílicos con los que parece que se inspira. ¡Eso sí, buen vino, de Ribera!
(**) No voy a revelar los trucos tipo “rincón del vago” de este blog.
(***) En España los salarios descendieron un promedio anual de -0,5% durante el primer período y de - 0.3% durante el segundo período y siguen haciéndolo en posteriores informes a pesar de este Gobierno “tan” socialista.
(****) Si este es el listo, ¿qué podemos esperar de la tonta?