El regreso de Ciudadano K. Después del “éxito” de la implantación de internet en Chiquitistán no fue el esperado: efectivamente tuvo un ascenso, un ascenso por las escaleras de la sede del INEM de su barrio. Ahora ya estaba la parejita completa en el paro.
- “Una persona con mi capacidad y conocimientos, enseguida encuentra un nuevo empleo” pensó K. “El mercado laboral, como todos se autorregula, otros lo pasarán mal porque son unos vagos e inútiles, pero yo, yo, yo...”
- “Mejor será que tramites la prestación por desempleo, por si acaso”, le dijo su mujer, “Mírame a mí, también era una “supermegadiseñadora divina de la muerte” y aquí me tienes, ya casi seis meses y muerta de asco”.
Ciudadano K. Presentó currícula, movió hilos, acudió a entrevistas, pero nada...¿Cómo podía ser eso? Un día K. mientras estaba leyendo “El Mundo”, la respuesta llegó a sus ojos: ¡Claro!, ¡Las rigideces del mercado laboral!: seguramente si se rebajara el coste del despido, los costes laborales, se crearía empleo: es que el patrón no contrata gente porque es muy caro.
El Gobierno de travestis ideológicos que dirigía el país de K. acabó por secundar esas propuestas: por Decreto se plegó a los mandatos de la patronal... pero nada, K. seguía sin encontrar empleo.
- “Mira, querido lameculos del patrón mío”, dijo su economista de cabecera, “El paro, al igual que la inflación o el desequilibrio son fenómenos normales en la economía de mercado. Incluso, algún “compi” mío diría que son fenómenos deseados por el mercado, que encuentra, con el paro, un ejército de reserva de trabajadores que permiten al empresario encontrar mano de obra más barata. Incluso sin llegar tan lejos, creo que comprenderás que los “recursos humanos", como todos los recursos se emplearán si se necesitan. Por cierto ¿quieres una “supermegaconsola3000” por mil euros?"
- “No, deja, con una ya tengo bastante”, contestó K. recordando el amargo episodio de la maquinita.
- “Pues lo mismo sucede con cualquier fábrica, tienda, negocio... Lo que no se necesita no se compra, por más que se flexibilice el empleo o, en el caso de bienes de inversión, bajen los tipos de interés. Si un camionero tiene su camión parado la mitad de los días, no creo que quiera comprar un segundo camión para que esté en el garaje los días pares y los impares también. Por esa misma razón, la peluquera que está media mañana leyendo el “¡qué me dices!”, no va a contratar una ayudante, aunque la pueda despedir sin indemnización”. Esto es lo que sucede justamente en épocas de crisis: la producción no se vende, en consecuencia no se produce y si no se produce no se necesitan medios de producción: paro de máquinas y ¡ay! de personas”.
- “Pero los que sobran en un sector podrían pasar a otro...”
- “¡Ah ya! Lo de los cañones y la mantequilla, la frontera de las posibilidades producción, las relaciones de sustitución... ¡Qué bien quedan en las pizarras de las Facultades!¡Qué poquito se parece a la realidad!¿Tú has visto convertir una granja de cerdos en un parador de turismo?¿a un albañil de cincuenta años en un pastelero?¿Puede Ferrán Adriá acabar remendando zapatos? En el mundo real los factores de producción no se transmutan por arte de magia en lo que nos interesa, es más no se transmutan en absoluto: “si mi abuela tuviera ruedas sería una bicicleta”, como ya ves, es cosa de los cuentos de hadas”.
Valorando sus opciones “de empleabilidad” K. calculó que, en este país puesto que para lo único que había trabajo era para la hostelería y la construcción, realizó unos cursillos sobre lo primero y, esta vez, sí, encontró empleo: como cocinero en un Mac Donalds (vamos un “McJob”). Al menos estaba en una empresa “de los suyos”, de los que mandan en el mundo.