En los primeros días de clase y tras explicar el modelo de economía eficiente que “supone” la economía de mercado, pregunté a los alumnos cuántos de ellos creían que los medios de producción no deberían estar en manos privadas, sino en manos públicas: sólo dos alumnas, de una clase con unos sesenta alumnos presentes, levantaron la mano en señal de acuerdo con la propiedad pública de los medios de producción.
Esto demuestra el minoritario apoyo que la sociedad burguesa occidental presta al socialismo, pues precisamente en eso consiste el socialismo: no en votar a ZP o al PSOE cada cuatro años, sino en pretender que los medios de producción sean “socializados”, esto es que desaparezca la propiedad privada en la titularidad de esos medios y que sea reemplazada por una titularidad de toda la sociedad sobre los mismos.
Si en un programa del tipo “tengo una pregunta para usted” un ciudadano preguntara a nuestro Presidente (O a Carme, o a Elena, o a Trini, o a Alfredo, o a Miguel...) que es “para él” ser socialista, seguramente contestaría que “para él” ser socialista es creer en la democracia, en España, en la selección de fútbol, en la paz, en el entendimiento, el progreso, el respeto a los demás, al medio ambiente, a los pajaritos, en la convivencia, “tralará, tralarito”... pero no les arrancaríamos la única respuesta que define a alguien como socialista: que cree y persigue lograr una economía en la que los medios de producción sean públicos. Con esto se demuestra que toda esta gente hace mucho tiempo que dejó de ser socialista, para pasar a ser otra cosa (¿qué cosa? Está por descubrir).
Se me dirá, justificando su deserción, que no hacen otra cosa que representar a la sociedad, una sociedad que, como en mi clase, apenas cuenta con un 2 o 3% de “verdaderos” socialistas “teóricos” (no voy a escarbar más en la “práctica” no sea que me quede sin ninguno).
Pero no está perdido: las conciencias y las voluntades de las personas y de las sociedades (que son algo más que la suma de sus individuos) cambian, y lo hacen por tres vías: por los ojos, por el corazón y por el culo:
Por los ojos porque mediáticamente se consigue que las personas piensen de una determinada manera y actúen como tales. El problema que tenemos los socialistas es que no contamos con un aparato mediático capaz de transformar las mentes de los ciudadanos: es muy caro y por eso mismo está en las manos de los poderosos. Por aquí poco podemos hacer.
Por el corazón, porque cerca de este órgano se pone la cartera. Y ahí sí que nos duele. Mientras hay “alfalfa” nadie se cuestiona nada: pero cuando falta el “forraje” nos volvemos todos más críticos. El día que la gente vea que vive peor que hace unos años, o que sus hijos jamás van a poder alcanzar el bienestar de sus padres (ni irse a Cancún de luna de miel), entonces las cañas se volverán lanzas y se cuestionará todo: ese “todo” incluye el sistema económico, el reparto de la riqueza y el concepto de propiedad privada, especialmente si ese empobrecimiento de la mayoría de la sociedad lleva aparejado el enriquecimiento aún más de una minoría que ya hoy nada en la abundancia.
Por el culo, porque, muchas veces un ligero pinchazo en esa parte, obra maravillas en el cambio de voluntades. A lo mejor es lo que la sociedad necesita: “un pellizquito para echar a volar”.
Y puestos a hablar de objetos punzantes con los que incentivar, por la retaguardia, el cambio de mentalidad de las masas, conviene recordar, una vez más, (en este blog no es la primera vez que aparece) la famosa máxima de Bonaparte: “la revolución es una opinión que ha descubierto las bayonetas”.