"El Ejecutivo del Estado moderno no es más que un Comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía" (K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

lunes, 27 de diciembre de 2010

Boxing Day



         El pensamiento lineal del capitalismo ha impuesto una forma de pensar entre el “ganao”, que, aparte de curiosa, es divertida: si cambiamos una cosa por otra, la segunda tiene que ser mejor (obviamente) y mejor “en todo” (¡ja, ja, ja!).



          En los anuncios se nos mete por los ojos este “conceto” a todas horas, que choca una y otra vez con la realidad: en el mundo “de verdad” una cosa es mejor que otra en algunos aspectos, igual en otros y peor en otros más, pero lo que cuenta en un cambio es que “en conjunto” la cosa nueva “es mejor” que la anterior, aunque en algunos aspectos hayamos perdido respecto a lo que teníamos.



           El asunto no es baladí pues no sólo implica una mentalidad “multidimensional”, más rica de la que el actual “sistema económico-político-militar” se puede permitir, sino que, de hecho, supone un factor de inmovilismo que si bien en todas partes es malo, en nuestro país es, además, de “juzgado de guardia”: ante cualquier cambio, el conservador/inmovilista disecciona lo nuevo hasta encontrar un aspecto en el que lo antiguo era mejor y, a partir de su descubrimiento desacredita “en globo” la mejora. Y así seguimos aquí como en tiempos de la Reconquista. 



            Algún lector, de la rama “buenista”, “bambi” o “disney”, sea progresista o conservador, me contestará diciendo que se coja lo mejor de lo antiguo y de lo nuevo: el problema es que el “pack”, como el “güindos siete”, es indivisible...



             ¡Pobres conservadores! En sus vidas privadas no actúan igual: “los más ligeros de cascos” cambian una por otra continuamente: siempre buscando la que está más buena, aunque la anterior sabía cocinar, la otra fregar y la de más allá lavar y planchar y “la de ahora” no sabe hacer “la o con un canuto”... En fin, ¡miserias de la burguesía! Y, mientras tanto, ¡A abrir los regalos!

jueves, 23 de diciembre de 2010

La Amenaza Fantasma: epílogo



Epílogo: Efectos:

          La hiperinflación, a mi entender, como todo fenómeno crítico, se produce de forma intempestiva (como una tormenta o un cabreo) y ahí es dónde radica su poder destructivo: un crecimiento de los precios de las cosas de un 1000% diario, durante una década, supone una adaptación de la economía a ese hecho sin consecuencias traumáticas: simplemente se indexarían todas las remuneraciones de los factores a esos precios diariamente (con claúsulas de compensación) y, a efectos nominales todo seguiría igual.

          Imaginemos que nuestro gobierno nos obligara, cada mañana, antes de salir de casa, a añadir tres ceros a cada billete que tengamos en la cartera, mientras los bancos hacen lo mismo con los saldos de nuestras cuentas (deudores y acreedores), los deudores y acreedores, hacen lo mismo, los comercios igual...

         Lo verdaderamente doloroso en este caso es que la “indexación” no sea perfecta (y nunca lo es porque mientras los productos del supermercado se pueden reetiquetar cada hora, las pensiones no se van a revisar cada minuto) con lo que unos ganan y otros pierden: y pierden siempre los “pobres”: los que en su bolso tienen dinero y no bienes y los que fundan su sustento (y el de sus familias) en una retribución monetaria periódica (salario). De ahí que muchos economistas consideren la inflación como un impuesto sobre el dinero en efectivo, y un impuesto, por cierto, regresivo, pues son los más pobres los que, lo poco que tienen, normalmente es lo que llevan en la cartera (o en la cartilla de ahorros)(*).

           Es posible que una acción concertada, como la que cada día se produce por parte de los poderosos a través de los Bancos Centrales tratando de controlar la inflación para evitar que sus activos patrimoniales (dinero que otros les deben) se deterioren indirectamente suponga un beneficio para el “paria de la tierra”. No debe sorprendernos: ya Marx dijo que pobre era el sino del obrero: cuando la economía crece ( y el capitalista se enriquece) al obrero le va mal, pero cuando la economía se desmorona al obrero le va bastante peor.

(*) No siempre: ahí está el caso de las ancianitas con su piso en propiedad, o su casa en el pueblo, cobrando la pensión mínima.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Aterriza como puedas y IV


        Las estimaciones sobre los daños económicos del "plantón" de los controladores aéreos en el puente, suponen, según las lenguas mediáticas unos mil millones de euros. Para dar fe de la importancia de la magnitud, y teniendo en cuenta que todos sabemos echar cuentas sobre la leche, el pan o la gasolina, pero pocos sobre magnitudes elevadas, recurro siempre al mismo truco: supongo el P.I.B. español en un billón de euros, luego cada punto de P.I.B. corresponde a 10.000 millones de euros. Esto quiere decir que la gracia de los controladores ha supuesto una caída de una décima de nuestro P.I.B., algo económicamente más importante que la pérdida de unas vacaciones en Eurodisney, por más que la niña llore porque se ha quedado sin el autógrafo de "mikimaus". En su lugar podremos darle el de Mackiemesser: que se lo hagan llegar los de "callejeros" o los del "comando actualidad".



         Convertir esos mil millones de euros en puestos de trabajo es algo que se puede hacer, como todo en la economía, echando mano al arte de birbibirloque, que, en estos pagos, se llama un sistema "recartiano"(*) Si el afectado es el sector turístico, podemos pensar que son actividades "de gran valor añadido" esto es, como el café en el bar: al tío le cuesta treinta céntimos y nos lo pone a 1,20€. Los costes de "fabricación" de esos servicios dejados de prestar, serán de ese orden, pongamos unos trescientos millones. De esos trescientos millones, seguramente no menos de 200 corresponderán a gastos de personal, porque son actividades "intensivas de mano de obra", que es una forma fina de decir que hay mucho currito aplicado a ellas. Doscientos millones es el sueldo de unos 1.000 controladores; si cada controlador gana lo que diez trabajadores "normales"(**), ya tenemos los empleos perdidos por su absentismo laboral: 10.000 criaturitas a la puta calle. 



          ¿Debemos creernos esos datos? Diversas razones aconsejan desconfiar de ellas: en primer lugar son estimaciones del propio sector, "de parte": y ya sabemos que, en este país, y desde el Gran Capitán, el que no llora no mama. Así que "de picos, palas y azadones, en vez de cien, pongamos, mil millones".



         La segunda razón para desconfiar tiene que ver con que "a río revuelto, ganancia de pescadores": unos pierden y otros ganan: los bocadillos del bar del aeropuerto desaparecen, los hoteles de Barajas llenos, carreras de taxis hiperkilométricas... Los bienes y servicios que por un lado desaparecen, por otro lado dan paso a otros distintos, que, obviamente, ni se computan, ni se declaran (ni a los medios, ni al fisco).



         Y finalmente hay que tener en cuenta que lo que el pasajerito ocioso no gasta en ese puente ya lo gastará en navidades. Y aquí llegamos al punto clave: el turista que ve frustrada sus expectativas de ir en globo por la Capadocia, gastará ese dinerito en acudir al (atestado) cotillón de fin de año en el madrileño Círculo de Bellas Artes, y todavía tiene para unos churritos en San Ginés; y de esta manera, lo que iba a generar bienes y servicios en el país del turco, se "gasta en casa" (una aproximación castiza al concepto de PIB). Puesto que, como dije en el primer post de la serie, este puente era sobretodo "muy español", hay que creer que una parte de los bienes y servicios que se iban a producir y que se "abortaron" con el conflicto laboral iban a ser producidos en otra parte y ahora, mira tú, van "a dar a luz", en nuestro P.I.B. y no en casa del vecino.



            Y esto me da una idea para solucionar la crisis, que corro a explicar a mi jefa: ahora que están militarizadas las torres de control junto con los bichos que hay dentro: ¿qué tal si probamos a cerrar el espacio aéreo "de o hacia" el exterior y dejamos abierto sólo el nuestro, el de los vuelos "domésticos"? y si ya puestos ¿sólo dejamos aterrizar aviones y que ninguno despegue? Así dicho parece una chorrada, pero...¿y aplicado a otras cosas? Vuelve el mercantilismo... por lo pronto, estas Navidades... ¡consuma productos españoles! (fabricados en la China y traídos de contrabando para El Corte Inglés).








(*) De Recarte; no confundir con Ricardiano (de David Ricardo). El método aplicado por este (d)emérito economista (Recarte, aclaro) se parece al juego de palabras que hacíamos de críos: ¿en que se parece una vaca a una bola? En que la vaca de leche, de la leche se saca la nata, de la nata la mantequilla, de la mantequilla no se saca nada, el que nada no se ahoga, el que se ahoga es un bruto ,Bruto mató a César, César está en Roma, Roma está en Italia, Italia está en el mundo y el mundo es una bola. Este método científico se aplica mucho en economía, y ¡ay! me temo que en el resto de las ciencias también. 



(**) Y podría mantener a veinte pensionistas, con lo que se desvela la falacia de que con mucho jubilado no se puede sostener el sistema público de pensiones: basta con que los pocos trabajadores activos que queden ganen como los controladores: así que ya sabemos... ¡a mejorar la rentas salariales!, ¡a repartir mejor la riqueza!.

martes, 21 de diciembre de 2010

¡A la cola!


   
          Todo aquél que haya tenido que recurrir a la Justicia en este país, sabe que, a su lado, la agilidad de un caracol es felina: un problema con el vecino, un cliente que no paga, un accidente de tráfico... demanda, traslado a las partes, oposición a la demanda, alegaciones, proposición y práctica de prueba, aplazamientos, vista oral, sentencia, recursos, ejecución... Con razón, en el foro, se ha acuñado la sentencia: “justicia demorada, justicia denegada”.



          Pues bien, mientras los ciudadanos “de a pie” esperamos largas colas a la puerta de la discoteca judicial, “los vips”, entran por la puerta de al lado, sin colas, sin esperas, sin moscones ni gentes molestas...¡Como Dios manda, en una democracia como la nuestra!



          ¿A quién debemos tanto honor?¿Quién es esa gente bien tan respetable? La niña de papá, que, a golpe de talonario familiar, primero quiso ser (mala) Directora de Cine y luego (peor) Ministra, ejerce de gorila-portera a la puerta del juzgado: ¿Usted quién es?, ¿a qué viene?:



          ¿A denunciar unos malos tratos?¿Han atracado a su hijo a la salida del colegio? Espere en la cola por favor, a que le llegue el turno, en el juzgado de instrucción número ochenta y tres de los de Fuenlabrada. ¡Ah! ¿qué viene de la Sony, de Buenavista, de la Fox, de parte de Cerezo o de Ramoncín(*)? Pase, por favor, por aquí (dice con una sonrisa, agachando la cerviz), le tenemos reservado la sala VIP (la Audiencia Nacional), de momento tómese una suspensión y en cuatro días lo tiene resuelto, ¡No hay de qué!¡Faltaría más!


         Evidentemente, en la sociedad adquisitiva en la que vivimos todo el mundo tiene derecho al producto del trabajo (del suyo o del ajeno, eso da igual), a la defensa de la propiedad “privada” de lo que ha arramblado, sean obras de arte, medicamentos o llaveros, pero, for favor, no se cuele: ¡Ministra! Ese, ese, el del “barbur”, ¡le he visto! ¡que se cuela, Ministra, que se cuela!...








(*)Me encanta cuando se expresan con sinceridad: la “industria” cultural, “contenidos”, “productos culturales”. Ellos mismos se delatan: yo ya sospechaba que lo que producen no es arte (el verdadero artista raramente se preocupa del garbanzo) sino otra cosa: baratijas, vendible, excrecencias del capitalismo, como las vuvucelas, o las “pogüerbalans”.

domingo, 19 de diciembre de 2010

X Factor



          Se atribuye a Edison la frase de que un genio de compone “de un 1% de inspiración y un 99% de transpiración”. Difícilmente de un personaje tan “rata”(*) se puede esperar que nos diera “de gratis” la fórmula completa: de hecho a la fórmula la falta añadir “unas gotas de excentricidad” o si se quiere llamar así “de locura”.


           Y son esas gotas de locura las que sirven para que la sociedad, el “saber convencional” como lo denomina Vicenç Navarro, pueda desacrecitar, zaherir y humillar al genio inconveniente hasta hacerlo desaparecer del “candelabro/candelero” de la excelencia del conocimiento burgués actual.


           ¿Quieren ejemplos? Uno muy cercano y ¡ay! sólo para iniciados: Miren a los hermanos Sevilla y, conociendo la fórmula, díganme quién es el genio y quién el payaso.



(*)Con tropecientas mil patentes registradas, con la fundación de la multinacional General Electric (esa que, actualmente fabrica sus bombillas, bastante malas por cierto, en Hungría, con esa ge y esa e tan barrocas), podrido de dinero como resultado de sus invenciones... no podía entender como su coétaneo, Roentgen, donara a la Humanidad su invento, los rayos X, sin cobrar nada a cambio.

martes, 14 de diciembre de 2010

Aterriza como puedas. Intermedio

           Escribe atinadamente un lector (tengo pocos pero muy inteligentes, esto ya va a parecer “La Codorniz”), lo siguiente, a propósito de “er tema” del mes: “Yo no defendería tan acérrimamente a un colectivo que gana tanto dinero, pero comparto plenamente el fondo del artículo”. 

         Carles, tengo la misma sensación agridulce que tú: considero que los generadores del conflicto son los controladores (impresentables), pero me preocupan tres cosas:
           - La "trivialización" de un estado excepcional, previsto en la Constitución, como si no tuviera importancia, no pasara nada, o no fuera con nosotros: es un estado excepcional que afecta a TODOS los españoles, no sólo a los controladores. Estoy seguro que, en el futuro, situaciones como las que ha vivido Grecia o Francia, se resolverán en España con declaraciones de estado de alarma (o más): esto nos coloca en la "segunda división" de las democracias europeas.
            - Que se declare "con carácter preventivo", por si acaso, no sea qué: ¡tiembla Bush, que vamos a superar lo de Guantánamo!
         - Que, hoy, por ejemplo, se proceda a privatizar la gestión de varios aeropuertos: suena a "doctrina del shock": una crisis, real o percibida como tal, es una oportunidad para realizar un cambio económico o social (M.Friedman).
           - Sorprende la posición de los nacionalistas: no tienen memoria de los estados de excepción que han padecido no hace tanto tiempo como para que los hayan olvidado. Tomo nota, porque, al parecer, con tal de que las cosas funcionen, el Estado de Derecho es secundario. Cuando resucite Aznar y empiece a suspender competencias autonómicas no tendrán legitimidad para protestar: al igual que la socialdemocracia en lo económico, la habrán perdido.

          Pero al parecer todo esto da igual: se muere un “cantaor” y “to's” pendientes... o del Galgo: otra cosa igual. Evidentemente tengo para mí cómo funciona esto del deporte de élite (o elite, como corregiría mi hermano), pero ¡cuidado! “palabra de Guardia Civil” no es “palabra de Dios”(*), ni tampoco sentencia firme... Aunque, como escuché ayer en “la noche en 24 horas” a un habitual cantamañanas(**): en un lado está la presunción de inocencia y en el otro está la actuación de un cuerpo muy acreditado, profesional y merecedor de una gran solvencia en sus actuaciones... Y ¿sabéis lo peor?: Anasagasti, invitado a la tertulia, asentía.


(*) Insisto: “el peor enemigo del Estado de Derecho es la policía”, dijo Russell en sus Memorias y Reflexiones... Russell, ¡joer! ¡Casi un revolucionario! ¡Lo que hay que ver!, ¡lo que ha retrocedido el mundo!.
(**) El mismo que antes había soltado que esas preocupaciones por la procedencia del estado de alarma eran florituras de salón, y que creía que ninguno de los críticos con la medida dormirían intranquilos temblando por sus derechos y libertades: ¡y luego decimos que los de Sálvame no son periodistas serios!

lunes, 13 de diciembre de 2010

Aterriza como puedas III


3.- Factor político.

(Alta política, la “baja” ya se la dejamos a los políticos)
          En las asignaturas del tipo “políticas públicas” y otras yerbas se estudian dos modelos de toma de decisiones: uno basado en la planificación, atribuida a Herbert Simon, se denomina racionalismo, y presupone un conocimiento total y absoluto de la información necesaria para la toma de decisiones, una identificación de todas las opciones posibles, el examen de todas las consecuencias de todas esas opciones y la elección de la opción que más se adecue a una serie de valores y objetivos establecidos. Algunas derivadas de este modelo son, la existencia de valores absolutos, la necesidad de grandes herramientas para poder obtener y analizar un conjunto muy elevado de información, y probablemente la necesidad de implantar una planificación central. La dificultad de implantar este modelo en la práctica hace que se le considere un modelo normativo (“lo que se debería hacer”), más que un modelo descriptivo (“lo que realmente se hace”).
          El otro modelo se denomina incrementalismo, y su adalid es Charles E. Lindblom. Se trata de un modelo basado en un examen de sólo algunas de las opciones, renunciando a un conocimiento absoluto de la información, opciones y consecuencias de las decisiones. Se analizan un conjunto pequeño de opciones que difieren unas de otras sólo en aspectos marginales. En consecuencia nunca se adoptan grandes decisiones que supongan un punto de inflexión en una política determinada, sino que se van adoptando decisiones que producen pocas alteraciones, en un proceso de comparaciones sucesivas limitadas. La implicación de los valores tampoco es la misma; los valores pierden el carácter para definir una buena política y la piedra angular pasa a ser el acuerdo: una política es buena si suscita el acuerdo de las partes. Este modelo se considera más descriptivo que normativo, porque indudablemente refleja mejor lo que, en la práctica, acontece en las democracias occidentales, pero también tiene un componente normativo interesante: es lo que sus defensores creen que se debería hacerse en cualquier democracia.
          Conviene saber que detrás de estos modelos subyacen profundas diferencias ideológicas: se formularon en los años 50, en plena “guerra fría” y se daba a entender que el modelo racionalista se apoyaba en las economías planificadas (como la soviética, pero, ¡ojo!, también se consideraba en ese grupo a la francesa), mientras que el modelo incrementalista parecía el propio de la democracia y de la economía estadounidense.
            Tampoco está mal saber que este modelo incrementalista, del que algún lector (Hank) ya se habrá rendido a sus encantos, se denomina “ciencia de salir del paso” (“muddling through” la denomina el propio Lindblom), o “irse por las ramas” y seguramente habrá variantes más castizas del tipo “pan para hoy, hambre para mañana”, “andar a la que salta”, “tente mientras cobro”... Las decisiones tomadas siguiendo esta escuela saldrán “hechas un churro”, no por el número sino por la morfología de ese grasiento producto.
            Con lo que sabemos del conflicto de los controladores, su génesis, las decisiones políticas tomadas hasta la fecha, etc, etc, etc... responden a la perfección al modelo “incrementalista”. Y creo que esto es una demostración más de quién sigue esta técnica, más tarde o más temprano, acaba recibiendo “una manita”.